El INTA Manfredi presentó en China nuevas herramientas para seleccionar variedades de alfalfa adaptadas a ambientes con sequía, salinidad o exceso de agua. La propuesta combina el mejoramiento convencional con información genética y registros ambientales, para evaluar no sólo cuánto produce una planta, sino también cómo mantiene su desempeño bajo condiciones cambiantes.
La presentación estuvo a cargo de Ariel Odorizzi, director de la unidad cordobesa, durante la Conferencia Académica Internacional sobre Bienestar Agrícola 2026, organizada por organismos de agricultura e investigación de Shandong. El instituto difundió el trabajo el 27 de octubre. Lo comunicado describe líneas de investigación y avances de un programa de selección: no anuncia una variedad nueva disponible de inmediato para todos los productores.
Una de las incorporaciones es la enviromics, un enfoque que permite reunir y analizar información sobre las condiciones de los sitios donde se ensayan los materiales. El objetivo es conocer con más precisión la relación entre cada variedad y su ambiente, un aspecto decisivo para elegir plantas que puedan sostener rendimiento y persistencia en diferentes regiones.
Del lote a los datos
La selección tradicional observa características medibles de las plantas, como la producción, el crecimiento o la respuesta ante una enfermedad. El nuevo esquema suma información del genoma, imágenes de satélites y drones, sistemas de medición de gran capacidad y registros ambientales de largo plazo. Esas herramientas complementan las evaluaciones a campo; no eliminan la necesidad de comprobar el comportamiento del cultivo.
El programa trabaja actualmente con alrededor de 40 poblaciones experimentales de alfalfa. Entre el inicio de una selección y la obtención de una variedad comercial pueden pasar de ocho a doce años. Durante ese recorrido se realizan pruebas sucesivas para determinar cómo responden los materiales en distintas condiciones, cuánto producen y durante cuánto tiempo conservan una pastura útil.
La adaptación se estudia junto con otras unidades del organismo. Con el INTA Santiago del Estero se evalúan respuestas a sequía y salinidad; con Rafaela se analizan situaciones de anegamiento. Equipos de Castelar participan en investigaciones de edición génica vinculadas, entre otras características, con la tolerancia a la sequía, la floración y la resistencia a herbicidas.
Odorizzi relacionó esos objetivos con el desplazamiento de la alfalfa hacia ambientes más limitantes a medida que avanzó la frontera agrícola sobre áreas ganaderas. En ese contexto, una variedad no puede evaluarse solamente por su mejor rendimiento posible: también importa qué ocurre cuando enfrenta restricciones de agua, suelos salinos u otros factores de estrés.
Una pastura con funciones diferentes
La alfalfa aporta proteína para la alimentación animal, pero el análisis presentado por el INTA incluye otras funciones dentro del sistema productivo. Es una especie perenne que mantiene cobertura durante períodos prolongados, desarrolla raíces profundas y participa en la fijación biológica de nitrógeno. Esos atributos contribuyen al funcionamiento del suelo y al aprovechamiento de agua y nutrientes.
El investigador señaló que la cobertura y la producción de biomasa pueden ayudar a proteger el suelo y mejorar su estructura. Son propiedades que orientan los objetivos del mejoramiento y deben analizarse en las condiciones de cada sistema, no una garantía de resultados idénticos en cualquier establecimiento.
El programa de Manfredi comenzó en 1970 y desarrolló cerca de veinte variedades. Desde hace unos treinta años trabaja también mediante convenios con empresas privadas, que vinculan la generación del material genético con su multiplicación y comercialización. La articulación actual con Palo Verde permitió registrar seis variedades.
La incorporación de datos ambientales apunta a aprovechar la información reunida durante décadas de ensayos. La meta es orientar mejor las decisiones de selección, identificar qué materiales funcionan en cada ambiente y reducir la distancia entre una característica prometedora en investigación y una pastura útil para la producción.




