La NASA confirmó el desarrollo del telescopio espacial UVEX después de que la misión superara una revisión técnica y programática. El anuncio, realizado este martes 27 de octubre, establece un compromiso de lanzamiento para enero de 2031 y un costo total de ciclo de vida de 590 millones de dólares. El observatorio estará dedicado a explorar el cielo en luz ultravioleta, una radiación que el ojo humano no puede percibir.
La aprobación corresponde al punto de decisión denominado KDP-C. Se trata de un paso distinto de la selección inicial del proyecto, realizada en 2024: ahora el equipo avanzará desde la planificación hacia el diseño final, la fabricación y la ejecución de la misión. Tampoco significa que el instrumento ya haya sido construido o esté listo para despegar. La confirmación fija el marco con el que deberá concretarse el trabajo que falta.
UVEX, sigla de UltraViolet EXplorer, combina dos tareas. Por un lado, realizará un relevamiento del cielo para estudiar la evolución de estrellas y galaxias. Por otro, podrá dirigir sus instrumentos hacia acontecimientos de corta duración. Entre sus objetivos están las explosiones estelares y las señales que siguen a la fusión de estrellas de neutrones, fenómenos cuyo brillo cambia y exige observaciones rápidas para no perder información. Ese trabajo complementará los relevamientos realizados en otras longitudes de onda: distintas clases de instrumentos registran componentes diferentes de un mismo objeto y permiten estudiar aspectos que una sola imagen no revela.
La investigadora principal es Fiona Harrison, de Caltech, en Pasadena. La misión reúne también a la Universidad de California en Berkeley, el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, Northrop Grumman y Space Dynamics Laboratory. La astrónoma Suvi Gezari, de la Universidad de Maryland, encabeza el trabajo científico sobre el universo dinámico. Su área se concentra en esas fuentes transitorias de luz, que requieren combinar la detección de un cambio con observaciones posteriores. Harrison también dirige NuSTAR, el observatorio espacial de rayos X lanzado en 2012. UVEX no reemplaza ese instrumento: propone estudiar otra franja de radiación y sumar información a los actuales relevamientos del universo.
El instrumento no se limitará a producir imágenes. También obtendrá espectros, registros que separan la luz en sus distintas longitudes de onda y permiten estudiar propiedades de los objetos observados. Caltech destaca la posibilidad de seguir sucesos dentro de las primeras horas posteriores a una alerta astronómica. El objetivo es reunir información de etapas tempranas que resultan difíciles de documentar cuando un telescopio no puede cambiar rápidamente de blanco.
Entre los desarrollos previstos figuran detectores ultravioletas que serán construidos por Caltech, SRI International y el JPL. Su base tecnológica deriva de sensores CMOS, conocidos por su utilización en cámaras digitales, pero adaptados a un rango de radiación diferente del visible. La propuesta también apunta a identificar galaxias pequeñas y estudiar estrellas masivas que perdieron sus capas exteriores por la interacción con una compañera en un sistema binario.
El antecedente tecnológico es GALEX, el observatorio de la NASA que cartografió el cielo ultravioleta entre 2003 y 2013. UVEX agregará capacidad de respuesta ante cambios rápidos, además del relevamiento amplio. La Universidad de Maryland explica que uno de sus objetivos será localizar galaxias de baja masa y escaso contenido de elementos pesados, difíciles de distinguir en otras bandas. El equipo espera ampliar considerablemente el registro de esos sistemas, pero se trata de una expectativa científica y no de descubrimientos ya realizados.
La misión se integrará con otros observatorios que examinan el universo en luz visible o infrarroja. Según la Universidad de Maryland, un 8% del tiempo de observación quedará disponible para investigadores externos, que podrán proponer estudios de fenómenos transitorios detectados por otros instrumentos. Esa coordinación permitirá buscar información ultravioleta durante las primeras horas o días de una explosión, antes de que sus señales más breves se debiliten.




