La NASA y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos ampliaron su cooperación para utilizar observaciones satelitales y herramientas de análisis en las estadísticas del sector agropecuario. El memorando fue firmado el sábado 24 de octubre en la Universidad de Alabama, en Tuscaloosa, y la agencia espacial difundió los detalles el lunes 26. El objetivo es mejorar la información sobre cultivos, superficies sembradas, rendimientos y situaciones de sequía.
El acuerdo lleva las firmas del administrador de la NASA, Jared Isaacman, y de la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins. Vincula las capacidades de observación de la Tierra con el conocimiento productivo del departamento agrícola, conocido por la sigla USDA. No anuncia un nuevo satélite ni informa un aumento de las cosechas ya obtenido: establece un marco para desarrollar aplicaciones y evaluar sus resultados.
La cooperación se organiza en tres líneas. La primera busca coordinar las necesidades agrícolas con las misiones y los productos de datos de la agencia espacial. La segunda apunta a facilitar el acceso a esa información mediante infraestructura compartida, formatos compatibles y servicios informáticos. La tercera se concentra en los métodos utilizados para transformar las observaciones en estimaciones útiles.
En ese último punto, el trabajo previsto incluye algoritmos para analizar el estado de los cultivos y calcular superficies y rendimientos. También contempla contrastar los resultados con mediciones en el terreno, corregir sesgos y estimar la incertidumbre. Esa validación importa porque una señal observada desde un satélite necesita interpretación y comprobaciones antes de convertirse en una estadística agrícola. La iniciativa se integra al plan de modernización de datos que el USDA presentó en septiembre.
El texto del memorando fija límites concretos al anuncio. Tiene una duración prevista de cinco años desde la última firma, aunque puede terminar antes mediante una notificación escrita con tres meses de anticipación. Las partes pueden modificarlo o extenderlo por escrito. No crea, por sí solo, obligaciones jurídicamente vinculantes de ejecutar proyectos ni compromisos automáticos de gasto.
Cada organismo deberá utilizar sus propios recursos para las actividades que acuerde. Si una iniciativa implica transferencias de fondos, servicios, bienes o personal, harán falta instrumentos específicos y la autoridad legal correspondiente. La disponibilidad de presupuesto también condiciona la ejecución. Por eso, el convenio no equivale a una inversión ya desembolsada ni permite atribuirle beneficios productivos cuantificados que todavía no fueron presentados.
El uso de satélites en la agricultura estadounidense tiene antecedentes. Los datos de Landsat, combinados con observaciones de campo, ayudan a identificar tipos de cultivos y a elaborar mapas anuales de cobertura agrícola. Esa información alimenta estimaciones de superficie y permite seguir cambios entre temporadas. Los programas NASA Harvest y NASA Acres también trabajan en la conexión entre observaciones terrestres y necesidades de productores e instituciones.
Otra aplicación es OpenET, que utiliza información satelital para estimar la evapotranspiración: el agua que pasa hacia la atmósfera desde el suelo y la vegetación. Sus herramientas abarcan los 48 estados contiguos de Estados Unidos y ofrecen información para evaluar el uso del agua a escala de parcelas. Las observaciones térmicas de Landsat forman parte de ese trabajo, junto con modelos y otras fuentes de datos.
El nuevo entendimiento busca ampliar esa base tecnológica y mejorar cómo se comparte y se comprueba la información. Su alcance anunciado es la agricultura estadounidense. No supone la incorporación de productores argentinos ni la apertura de un programa local de asistencia. Los próximos resultados dependerán de los proyectos concretos que desarrollen ambos organismos y de la validación de sus métodos, no solamente de la firma del documento.




