San Juan desarrolló una representación tridimensional del río y su entorno entre el dique de Ullum y Caucete para anticipar cómo podría desplazarse el agua ante distintas crecidas. El secretario de Recursos Hídricos y Energías Renovables, David Devia, informó que el análisis abarca unas 35.000 hectáreas. La herramienta se incorpora a la planificación provincial de emergencias y busca identificar sectores donde una mayor circulación de agua pueda afectar viviendas, infraestructura o caminos.

El mapa ofrece una base topográfica sobre la que se ensayan escenarios de caudal mínimo, intermedio y máximo. La información permite observar la forma actual del terreno y evaluar recorridos posibles del agua, en lugar de trabajar únicamente con referencias generales del cauce. Devia explicó que también se contrastaron datos con imágenes satelitales. La eventual incorporación de drones fue mencionada como una posibilidad para afinar el detalle, no como una operación ya confirmada.

La superficie estudiada equivale a 350 kilómetros cuadrados. Esa conversión ayuda a dimensionar el alcance: no significa que todo ese territorio vaya a inundarse. Dentro del área modelada, el objetivo es localizar puntos específicos con mayor exposición en determinadas condiciones. El funcionario habló de zonas focalizadas que podrían sufrir problemas, pero no difundió un listado público detallado de barrios, viviendas o rutas sujetas a una medida inmediata de protección.

El trabajo se integra al COPRE, la coordinación provincial que reúne organismos y municipios para preparar respuestas. Participan áreas vinculadas con agua, energía, seguridad, protección civil, salud y desarrollo humano, entre otras. La presencia de distintas dependencias responde a que una crecida puede comprometer más de un servicio al mismo tiempo. La representación del terreno sirve como insumo compartido para orientar intervenciones y organizar recursos, según lo explicado por las autoridades.

Devia indicó que el pronóstico hídrico completo todavía estaba en elaboración. Las primeras estimaciones citadas por la Provincia ubicaban el derrame de la próxima temporada por encima de 2.000 hectómetros cúbicos, frente a unos 650 estimados para la temporada anterior. Esas magnitudes corresponden a un volumen de agua durante un período; no expresan el caudal instantáneo que pasará por una localidad ni permiten establecer por sí solas el día de una creciente.

La diferencia importa para leer el anuncio con precisión. Un modelo utiliza supuestos y escenarios para explorar consecuencias; el pronóstico aporta estimaciones sobre el comportamiento esperado del recurso. Ninguno convierte una hipótesis de trabajo en una inundación ya ocurrida. La identificación preventiva de puntos críticos permite priorizar tareas antes de un eventual aumento del agua, pero las decisiones concretas necesitan considerar la evolución de las condiciones y la información que produzcan las áreas responsables.

En paralelo, la Provincia comenzó tareas de despeje de cauces y construcción o refuerzo de defensas. Esas intervenciones forman parte de la preparación ante crecientes y lluvias. El diálogo con pobladores también aparece en la agenda hídrica: comunidades huarpes del tramo inferior solicitaron participar en la coordinación y aportar conocimiento territorial. Su pedido se vincula con la prevención, aunque no reemplaza los estudios técnicos ni implica que sus propuestas de obras ya estén aprobadas.

La expectativa oficial es presentar el informe hídrico durante los primeros días de octubre. Hasta entonces, las cifras divulgadas deben leerse como aproximaciones iniciales. El aporte nuevo es la disponibilidad de un modelo del terreno que permite comparar situaciones posibles y mejorar la preparación institucional. Su utilidad deberá traducirse en prioridades de intervención y comunicaciones específicas cuando las autoridades definan las medidas correspondientes para cada sector del río.