Un equipo internacional de astrónomos detectó dos anillos de escombros gaseosos separados por un espacio vacío alrededor de una enana blanca, el núcleo remanente de una estrella que agotó su combustible. El sistema, llamado J1328−1450, se aparta de la estructura más simple observada hasta ahora en otros discos similares y ofrece nuevas pistas sobre lo que puede quedar de un sistema planetario después de la transformación de su estrella.

El hallazgo fue presentado este martes por el Observatorio Europeo Austral, ESO, y forma parte de una investigación publicada esta semana en Nature Astronomy. Las observaciones se realizaron con X-shooter, un instrumento instalado en el Very Large Telescope, en el desierto de Atacama, Chile. No se trata de una fotografía que permita ver directamente dos planetas: la evidencia procede de las señales registradas en la luz del sistema.

La particularidad es la presencia de dos anillos concéntricos de gas que permanecen estables y separados. Según los investigadores, esa organización podría mantenerse por la acción de dos cuerpos planetarios supervivientes que se mueven en órbitas diferentes. Uno estaría asociado al anillo interior y tendría un tamaño comparable al de un asteroide, de algunos kilómetros de diámetro. El otro, situado en el anillo exterior, podría alcanzar dimensiones semejantes a las de Plutón o incluso la Luna.

Esas dimensiones son estimaciones del equipo y la existencia de ambos cuerpos forma parte de su interpretación del sistema. La distinción es importante: el resultado observado es la estructura del disco, mientras que la presencia de los objetos que lo alimentarían constituye la explicación propuesta para entender cómo se sostiene.

El estudio está encabezado por Nicola Pietro Gentile Fusillo, de la Universidad de Trieste y del Observatorio Astronómico de Trieste del INAF, en Italia. Entre sus autores figura Felipe Lagos-Vilches, vinculado a la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, y a la Universidad Técnica Federico Santa María, en Chile. El equipo destaca que la combinación de un disco doble y posibles planetesimales supervivientes no tenía un ejemplo equivalente entre los sistemas conocidos.

Las estrellas semejantes al Sol se expanden en las etapas finales de su evolución y expulsan sus capas exteriores. Ese proceso puede destruir planetas cercanos, mientras que otros cuerpos rocosos sobreviven o se fragmentan. Los restos pueden formar un disco en torno al núcleo estelar que permanece, ya convertido en una enana blanca. En los casos identificados previamente, la señal observacional correspondía a un disco único, plano y en rotación.

X-shooter registró en J1328−1450 una señal diferente, compatible con dos componentes separados. Además, los datos revelan la presencia de calcio, oxígeno, magnesio y hierro: elementos que también integran los materiales rocosos del Sistema Solar. Pero los dos anillos no tienen la misma composición. El interior es rico en gas de magnesio y el exterior está, en gran medida, desprovisto de ese elemento.

Una posible explicación es que los cuerpos que abastecen cada anillo procedan de planetas de composiciones distintas. La otra alternativa considerada por los científicos es que sean fragmentos de partes diferentes de un mismo cuerpo, como su corteza y su núcleo. Las observaciones abren esas hipótesis; no permiten afirmar que una de ellas haya quedado definitivamente demostrada.

El interés del descubrimiento también está en su relación con el futuro lejano del Sol, que terminará como una enana blanca. J1328−1450 no funciona como una predicción exacta del destino de cada planeta terrestre, sino como una muestra de la complejidad que puede conservar un sistema después de esa transformación. Incluso alrededor de una estrella que ya agotó su combustible, los restos planetarios pueden organizarse en estructuras más diversas de lo que se había observado.