OpenAI anunció un nuevo sistema para dejar una señal detectable en los textos generados por sus modelos. La tecnología, llamada textGrain, comenzó a ofrecerse el 5 de octubre como opción para clientes de la API en todo el mundo. Para ChatGPT y Codex, la compañía anticipó una incorporación gradual durante las próximas semanas en la Unión Europea. El cambio busca responder a las obligaciones europeas de transparencia, pero viene acompañado de una advertencia central: reconocer una marca no equivale a certificar la verdad de un texto.
El alcance importa para los usuarios argentinos. El anuncio no establece una activación automática mundial: en la API, el marcado permanece apagado por defecto y cada cliente puede habilitarlo para determinados modelos. La expansión predeterminada de ChatGPT y Codex se circunscribe inicialmente a la Unión Europea y abarca los planes elegibles. Tampoco se abrió un detector de textos de libre acceso: la empresa recibe solicitudes de investigadores y organizaciones expertas para una evaluación controlada.
La documentación de ayuda explica que la marca no consiste en caracteres ocultos, espacios invisibles ni signos de puntuación añadidos. El sistema interviene en la elección de palabras o fragmentos de palabras, conocidos como tokens. Cuando hay varias formas posibles de continuar una respuesta, introduce variaciones estadísticas que, acumuladas en un pasaje, pueden ser reconocidas por un detector. Para la persona que lee, el texto conserva su apariencia habitual.
El informe técnico publicado junto con el anuncio describe un método basado en una clave y en la distribución de probabilidades que utiliza el modelo para escribir. El objetivo es equilibrar la intensidad de la señal con la variedad de respuestas posibles. Los investigadores agrupan el vocabulario en bloques para reducir el trabajo de cálculo y mantienen las probabilidades relativas de los tokens dentro de cada bloque. El documento distingue esa construcción matemática de las condiciones reales de uso: conservar determinadas propiedades estadísticas no convierte al detector en infalible.
La longitud y el tipo de contenido modifican el resultado. Según el centro de ayuda, una respuesta breve puede no ofrecer suficiente material para reconocer el patrón. Lo mismo ocurre con textos muy restringidos, como una operación matemática, una reproducción literal o ciertos fragmentos de código: allí hay menos opciones de redacción entre las que introducir una señal. Las modificaciones posteriores también pueden debilitarla. Por eso, la ausencia de una marca detectable no permite concluir que el texto fue escrito íntegramente por una persona.
El contexto regulatorio va más allá de una función de ChatGPT. La Comisión Europea señala que las obligaciones de transparencia del artículo 50 de la Ley de Inteligencia Artificial son aplicables desde el 2 de agosto de 2026. Incluyen reglas sobre marcado y detección de contenido artificial y sobre la identificación de determinadas publicaciones y contenidos manipulados. El código de buenas prácticas es voluntario, mientras que las obligaciones legales que ayuda a cumplir no lo son. La propia Comisión presenta ese código como una herramienta de implementación, sin sustituir la ley ni sus directrices.
Para quienes publican información, la distinción entre procedencia y responsabilidad sigue siendo decisiva. La guía europea contempla el papel de la revisión humana y de la responsabilidad editorial en textos destinados a informar sobre asuntos de interés público. A su vez, la documentación de OpenAI aclara que una señal de su sistema puede corresponder a contenido generado o procesado por el modelo; no cuantifica cuánto aportó una persona ni acredita propiedad intelectual. La herramienta añade una pista técnica sobre el origen, pero la comprobación de datos y las decisiones de publicación continúan requiriendo criterio editorial.




