El director del Servicio Meteorológico Nacional, Pedro Di Nezio, describió el episodio actual de El Niño como muy intenso y comparable con el registrado en 1997. En una entrevista publicada este jueves por Infobae, explicó que la máxima intensidad del fenómeno en el océano Pacífico se espera para diciembre, mientras que los impactos de mayor riesgo en territorio argentino podrían prolongarse durante el verano y hasta marzo o abril de 2027. La diferencia entre el pico oceánico y las consecuencias locales impide reducir el pronóstico a una sola fecha.
Di Nezio señaló como área especialmente expuesta una franja que va desde el norte de la provincia de Buenos Aires hasta Misiones e incluye el este de Córdoba, Santa Fe y el Litoral. Su preocupación principal es la mayor probabilidad de tormentas severas, acumulación de agua e inundaciones en sectores donde el drenaje es insuficiente. También distinguió entre crecidas de ríos alimentados por lluvia en otras regiones y anegamientos en zonas bajas alejadas de esos cauces. Cada escenario exige vigilancia y respuesta diferentes.
El funcionario explicó que El Niño modifica los patrones de circulación atmosférica a partir del calentamiento anormal del Pacífico. Eso favorece determinadas configuraciones de tormentas en la Argentina, pero no significa que cada lluvia intensa sea causada exclusivamente por el fenómeno ni permite saber hoy qué barrio tendrá problemas en una fecha precisa. La comparación con 1997 se refiere a la intensidad del episodio, no a una reproducción asegurada de todos sus daños. El propio especialista señaló que otros factores atmosféricos pueden alterar la distribución regional de las precipitaciones.
Para Cuyo, Di Nezio vinculó las nevadas intensas del invierno con la fase ya observada del fenómeno y destacó su aporte a la acumulación de nieve y recursos hídricos en una región que arrastra años secos. Esa lectura no debe confundirse con una garantía de ausencia de riesgos estivales ni con el alerta por Zonda vigente este jueves en San Juan: se trata de escalas temporales y procesos meteorológicos distintos.
El director dijo que el SMN cuenta con una red de 22 radares y que trabaja en modernizar estaciones meteorológicas. La capacidad de observar tormentas ayuda a emitir alertas más precisas, pero la reducción de daños también depende de la preparación de provincias y municipios, el mantenimiento de defensas, las vías de drenaje y los planes de evacuación. Su mensaje fue de anticipación: aprovechar los meses previos al período más delicado, sin convertir escenarios probabilísticos en certezas.
Di Nezio también mencionó posibles efectos positivos para la producción agrícola después de sequías, junto con costos potenciales para establecimientos y ciudades vulnerables. El balance será desigual según región y actividad. Las zonas rurales pueden beneficiarse de más agua y, a la vez, enfrentar daños si la lluvia llega concentrada o dificulta las tareas productivas. Del mismo modo, un municipio con defensas revisadas afronta un escenario distinto del que no mantuvo sus desagües. Estas consecuencias todavía son posibilidades y dependen de la intensidad de cada episodio concreto. La evolución del océano y la atmósfera deberá seguirse en los informes oficiales de los próximos meses, porque una advertencia estacional no sustituye los pronósticos y alertas de corto plazo.




