El telescopio espacial James Webb mostró estrellas que permanecían ocultas entre el polvo de NGC 7129, una región de formación estelar situada a unos 3.300 años luz de la Tierra. La imagen difundida por la NASA este 6 de octubre permite distinguir tanto objetos jóvenes como estrellas más desarrolladas y observar cómo modifican el gas que las rodea.
En el centro se destaca LkH(alpha) 234, una estrella con entre cinco y ocho veces la masa del Sol. A su izquierda aparece una cavidad de unos 3,5 años luz, representada en tonos dorados; a la derecha, las zonas rojas contienen objetos todavía más jóvenes, llamados protoestrellas. Sus expulsiones de material chocan con las nubes circundantes y producen estructuras que se superponen desde nuestra perspectiva.
La escena permite investigar una relación de ida y vuelta: las estrellas se forman dentro de nubes de gas y polvo, pero luego su luz y sus vientos transforman ese entorno. Los investigadores utilizarán los datos de Webb para estudiar esa interacción con mayor detalle y comprender cómo cambia una región donde continúa el nacimiento de estrellas.
NGC 7129 no es un objeto descubierto ahora. En febrero de 2004, el telescopio Spitzer ya había obtenido una imagen infrarroja de esta zona de la constelación de Cefeo. La descripción de aquella observación consignaba un censo de 130 estrellas jóvenes y una nube con material suficiente para formar un millar de estrellas semejantes al Sol. Son cifras de ese estudio anterior y sirven como antecedente, no como un nuevo conteo realizado por Webb.
Spitzer también había mostrado una gran burbuja abierta por las estrellas dentro de la nube y chorros de gas emitidos por objetos muy jóvenes. Su imagen combinaba cuatro bandas infrarrojas, a las que se asignaron colores diferentes. Esa observación estableció una referencia para estudiar el cúmulo. La comparación con instrumentos posteriores permite examinar estructuras que antes se veían con menos detalle, sin confundir una mejora en resolución con un cambio instantáneo del objeto astronómico.
La nueva vista utiliza NIRCam, la cámara de infrarrojo cercano de Webb. De acuerdo con su ficha técnica, trabaja entre 0,6 y 5 micrones y puede captar estrellas jóvenes de la Vía Láctea, objetos del sistema solar y galaxias distantes. Su función científica no se limita a tomar imágenes: ofrece distintos filtros, observaciones repetidas en el tiempo y herramientas espectroscópicas para separar y medir la luz recibida.
El instrumento también participa en el control del frente de onda del telescopio. Esas mediciones permiten detectar y corregir pequeñas irregularidades o desalineaciones entre los segmentos del espejo principal. La precisión óptica y la sensibilidad infrarroja son dos componentes diferentes que se combinan para obtener información de regiones difíciles de estudiar con luz visible.
Los colores deben interpretarse como una representación de datos, no como una fotografía que reproduciría exactamente lo observado por un ojo humano. La NASA explica que las imágenes de Webb se reciben inicialmente como registros en blanco y negro y se procesan para traducir longitudes de onda invisibles a colores reconocibles. En esta imagen, el procesamiento estuvo a cargo de Alyssa Pagan, del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial. Esa traducción permite reconocer estructuras y comparar componentes del gas que, sin ese tratamiento, no podrían apreciarse de la misma manera. La publicación ofrece así una nueva ventana sobre un vivero estelar estudiado desde hace décadas.




