El telescopio espacial James Webb permitió identificar la galaxia de origen de la ráfaga rápida de radio más distante localizada hasta ahora, según un estudio difundido este jueves 8 de octubre por la NASA y la Agencia Espacial Europea. La señal, denominada FRB 20240304B, provino de una época en la que el universo tenía unos 3.000 millones de años. El hallazgo aporta una pista sobre los objetos capaces de producir estos destellos, aunque su origen general sigue sin resolverse.

La novedad comunicada por las agencias acompaña la publicación del trabajo en la revista Science. La detección de la ráfaga ocurrió el 4 de marzo de 2024 con el radiotelescopio MeerKAT, mediante el proyecto MeerTRAP. Además, una versión preliminar del estudio ya estaba disponible en arXiv desde agosto de 2025. Se trata, por lo tanto, de la difusión de resultados de una investigación desarrollada durante años, no de una señal captada este jueves.

Las ráfagas rápidas de radio duran apenas milisegundos y fueron descubiertas en 2007. Muchas se observan una sola vez, lo que dificulta estudiar qué las genera. En este caso, los datos de radio indicaban una distancia excepcional, pero faltaba localizar y analizar la galaxia anfitriona. Aunque los investigadores conocían con precisión la posición de la señal, los grandes telescopios terrestres no lograban detectar una galaxia en ese punto del cielo.

Webb resolvió dos partes del problema con instrumentos diferentes. Su cámara infrarroja NIRCam identificó la galaxia y el espectrógrafo NIRSpec midió un corrimiento al rojo de 2,148. Ese valor describe cuánto se estiró la luz durante la expansión del universo y permite situar el episodio en la historia cósmica. No debe confundirse con una distancia de 2,148 millones de años luz: es una medida sin unidades utilizada para determinar la lejanía cosmológica.

La galaxia encontrada resultó muy distinta de lo que esperaba el equipo. Según la comunicación científica, tenía una masa unas mil veces menor que la prevista y estaba formando estrellas activamente. Su ritmo de formación estelar sugiere que la mayor parte de sus estrellas pudo originarse en un intervalo de apenas 30 millones de años. Esa población relativamente joven es importante para evaluar las hipótesis sobre el mecanismo que produjo la ráfaga.

Una posibilidad discutida para estas señales es la fusión de dos estrellas de neutrones. Sin embargo, el acercamiento de esos objetos hasta colisionar puede demandar miles de millones de años, por lo que se esperaría encontrar poblaciones estelares más antiguas. Otra hipótesis propone que una estrella de neutrones joven con un campo magnético muy intenso, llamada magnetar, puede generar una ráfaga poco después de formarse. La galaxia observada encaja mejor con esa segunda explicación.

Manisha Caleb, investigadora de la Universidad de Sydney y autora principal, señaló que los resultados vuelven muy improbable una fusión como causa de esta señal particular. El equipo no presentó esa conclusión como una prueba definitiva del origen de todas las ráfagas rápidas de radio. El valor del caso reside en aportar una restricción concreta: cualquier explicación debe ser compatible con la juventud y las características de la galaxia anfitriona.

La señal también permitió estudiar la materia situada entre su origen y la Tierra. Los investigadores identificaron la influencia de dos estructuras en su recorrido, entre ellas el cúmulo de Virgo y otro agrupamiento de galaxias que no se conocía previamente. Las ráfagas pueden funcionar así como herramientas para analizar gas y estructuras cósmicas difíciles de observar directamente. El equipo espera localizar nuevos eventos distantes con MeerKAT y utilizar Webb para caracterizar sus galaxias, una combinación que podría ampliar el alcance de estas investigaciones.