Un lago oculto bajo el hielo del noreste de Groenlandia puede retener durante meses una parte importante del agua de deshielo antes de liberarla hacia otros ambientes. La Agencia Espacial Europea difundió este 15 de octubre los resultados de una investigación sobre Flade Isblink, una gran masa de hielo independiente de la capa principal groenlandesa, que ayuda a entender por qué el agua no siempre llega inmediatamente a los lagos y al mar.
El trabajo, encabezado por Mikkel Aaby Kruse y publicado en Scientific Reports el 3 de julio, analizó observaciones reunidas entre octubre de 2018 y diciembre de 2024. Los investigadores identificaron un reservorio subglacial al que llamaron lago B, ubicado en el sector occidental del casquete de Flade Isblink. No observaron directamente el agua desde el espacio: reconstruyeron su comportamiento a partir de movimientos de la superficie helada y de modelos sobre la producción de agua de deshielo.
Para hacerlo combinaron mediciones de altura del satélite ICESat-2, observaciones de radar Sentinel-1 y modelos digitales de elevación ArcticDEM. Un modelo climático regional aportó estimaciones del agua generada en la cuenca. La coincidencia entre distintas técnicas permitió reconocer un patrón estacional: la superficie se elevaba durante el período de deshielo y descendía cuando el reservorio comenzaba a vaciarse.
La investigación estimó que el lago podía almacenar hasta alrededor del 63 por ciento del escurrimiento anual de su cuenca, con una incertidumbre de 23 puntos porcentuales. Ese margen es importante: el porcentaje no es una proporción fija para todos los años ni una medición de toda Groenlandia. Describe el máximo estimado dentro del área estudiada y depende de los datos y supuestos utilizados para calcular los volúmenes.
En los años observados, el drenaje se concentró principalmente en septiembre y octubre, entre dos y tres meses después del máximo de producción de agua en la superficie. Hubo una excepción en 2022, el año con menor deshielo del período: los investigadores no detectaron el descenso estacional habitual. Plantean que podría existir un umbral mínimo de aporte de agua necesario para activar el vaciamiento, aunque el mecanismo exacto todavía tiene interrogantes.
El relieve bajo el hielo ofrece una explicación posible para esa capacidad de almacenamiento. En la zona se encuentra una depresión del terreno que llega a unos 600 metros bajo el nivel del mar. Sin embargo, el equipo aclara que no cuenta con observaciones directas de la geología subglacial suficientes para establecer si hay una barrera física o si los cambios de presión y de circulación bastan para desencadenar el drenaje.
Los científicos también estudiaron el lago Romer Sø, situado aguas abajo, y encontraron aumentos de volumen posteriores a los episodios del lago B. Esa relación sugiere que el agua retenida bajo el hielo influye en el sistema vecino. Los autores señalan que hacen falta más años de observación para precisar la relación entre la duración del drenaje y la respuesta del lago receptor.
El aporte del estudio está en el calendario del agua: algunos modelos suponen que el deshielo superficial escurre rápidamente, pero este caso muestra un almacenamiento intermedio capaz de retrasar la descarga. Incorporarlo podría mejorar las estimaciones de llegada de agua dulce a lagos y fiordos. Los posibles efectos sobre ecosistemas y circulación del agua son líneas de investigación, no una alerta de inundación ni una predicción de daños para una población.




