Un estudio sobre el cañón submarino de Mar del Plata identificó 29 residuos de origen humano en imágenes tomadas a grandes profundidades: 27 eran de plástico y dos, de goma. El trabajo, publicado el 16 de septiembre en la revista PLOS One, analizó registros de la expedición científica de julio y agosto de 2025 y documentó basura incluso a más de 3.800 metros bajo la superficie.

Los investigadores revisaron unas 240 horas de video obtenidas durante 17 inmersiones del vehículo operado a distancia SuBastian, desplegado desde el buque Falkor (too). Encontraron desechos en diez de esos recorridos. La lista incluye bolsas, envoltorios de alimentos, un vaso descartable, una bota, un guante y elementos vinculados con la pesca, como cuerdas y filamentos de nailon.

El análisis ofrece una primera caracterización de los residuos de gran tamaño observados en ese ambiente profundo. El número corresponde a los objetos reconocidos en las filmaciones examinadas: no es un cálculo de toda la basura que existe en el cañón ni una medición de la contaminación del conjunto del Mar Argentino.

La investigación está encabezada por Valeria Teso y reúne a especialistas de instituciones argentinas y del exterior. Además de identificar materiales, el equipo registró dónde estaban los objetos y cómo se relacionaban con el fondo marino. Algunos permanecían parcialmente enterrados o degradados; otros descansaban sobre el lecho, quedaban atrapados entre rocas o se desplazaban cerca del fondo.

La distribución tampoco fue uniforme. Hubo concentraciones en distintos sectores del valle y las paredes del cañón. Los autores interpretan esos patrones como evidencia de que el relieve submarino puede retener materiales transportados desde otras zonas. Las corrientes y los movimientos de sedimentos intervienen en ese proceso, por lo que el lugar donde aparece un residuo no permite establecer por sí solo dónde fue descartado.

El trabajo considera que las actividades marítimas, especialmente la pesca, son la procedencia más probable de buena parte de los materiales. Se trata de una interpretación basada en su composición y ubicación. El relevamiento no identifica a embarcaciones ni a personas responsables de cada objeto y no permite atribuir todos los hallazgos a un único origen.

Otro resultado fue la presencia de animales asociados con siete residuos. Se observaron tanto organismos adheridos como fauna móvil junto a bolsas y aparejos. Los investigadores advierten que estas asociaciones no deben leerse como un beneficio ambiental: que un organismo use una superficie artificial no demuestra que ese material cumpla una función favorable en el ecosistema.

La campaña que produjo los videos fue la primera exploración del cañón con un vehículo de estas características. El equipo, encabezado en el mar por Daniel Lauretta, llevaba más de una década estudiando el área con muestras obtenidas mediante redes y otros instrumentos. Las cámaras permitieron observar los ambientes en su ubicación original y registrar relaciones que no siempre resultan visibles en una muestra aislada.

Durante aquellas tres semanas también se documentaron corales, anémonas, estrellas de mar y otros organismos, mientras las transmisiones en vivo acercaban el trabajo a una audiencia masiva. Ese archivo audiovisual sigue aportando resultados después del regreso del buque. En este caso, permitió ordenar observaciones de basura que habían aparecido durante las inmersiones y transformarlas en un conjunto de datos científicos.

Los autores proponen usar el relevamiento como una base para futuras comparaciones y programas de monitoreo. Su alcance es acotado, pero deja una constatación precisa: la distancia respecto de la costa y la profundidad no mantienen a estos ambientes fuera del recorrido de los residuos humanos.