Investigadores del INTA y del Conicet desarrollaron en Salta un bioinsumo que busca controlar hongos del suelo y favorecer el crecimiento de cultivos del Noroeste Argentino. El producto, llamado TrichoNOA-Salta, obtuvo resultados en laboratorio e invernadero y recibió una distinción nacional en la categoría Investigación. Todavía debe avanzar hacia la producción a mayor escala y los ensayos a campo: el reconocimiento no constituye una autorización para venderlo.

El INTA informó el 16 de octubre que el desarrollo utiliza una cepa nativa del hongo Trichoderma afroharzianum, identificada como Th15. Fue aislada y seleccionada en el NOA, con el propósito de aprovechar un microorganismo de la propia región para atender problemas de su producción agrícola. Los cultivos a los que apunta el trabajo son el tabaco, el poroto y el garbanzo.

En las pruebas de laboratorio, la cepa inhibió aproximadamente entre el 60 y el 74 por ciento del crecimiento de distintos hongos de suelo relevantes para esos cultivos. Ese rango corresponde a ensayos in vitro. No expresa una mejora del rendimiento de las cosechas ni una reducción de pérdidas comprobada en establecimientos productivos, dos resultados diferentes que la comunicación del organismo no presenta.

La siguiente instancia aportó otra evidencia: en condiciones de invernadero, el tratamiento redujo la infección del hongo Rhizoctonia solani en plantas de tabaco y poroto. El equipo también investigó la producción de compuestos bioactivos vinculados con el metabolismo del microorganismo. Son distintas aproximaciones a su posible utilidad, todavía dentro de una etapa de desarrollo experimental.

Eleonora del Milagro Harries, investigadora del Conicet en el Laboratorio de Sanidad Vegetal del INTA Salta, explicó que el interés no se limita al control de enfermedades. El microorganismo mostró capacidad para estimular la germinación, el desarrollo de las raíces y el crecimiento vegetal. También puede competir con hongos que enferman a las plantas y parasitarlos, mecanismos que el equipo estudia para una futura herramienta de manejo agrícola.

El origen regional de la cepa es otro aspecto destacado por Harries. Según la investigadora, favorece su adaptación a las condiciones de suelo y clima del NOA y permite aprovechar la biodiversidad microbiana local. Esa relación con el lugar de origen forma parte de la propuesta tecnológica; no significa que se haya demostrado la misma respuesta en cualquier cultivo o ambiente del país.

La iniciativa recibió el certificado de interés Bioproducto argentino mediante la Disposición 11/2026, según consignó el INTA. La Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal otorgó el reconocimiento en la categoría Investigación, destinada a proyectos biobasados que se encuentran en etapas iniciales y aún no llegaron a la instancia comercial. La distinción reconoce el interés científico y tecnológico del trabajo, sin reemplazar los requisitos para su eventual comercialización.

En el desarrollo participaron equipos de fitopatología, malherbología y biotecnología del INTA Salta, especialistas en Trichoderma del INTA Castelar e investigadores y docentes de las universidades Nacional de Salta y de Brasilia. Harries vinculó los resultados con un proceso de varios años de generación de conocimiento y formación científica.

El objetivo de reducir el uso de fungicidas y fertilizantes de síntesis química aparece como una posibilidad del proyecto, no como un reemplazo general ya validado. La investigadora aclaró que el aporte esperado consiste en integrar el bioinsumo a otras prácticas de manejo de enfermedades. El próximo paso será avanzar hacia una biofábrica para escalar la producción y realizar pruebas a campo junto con productores y empresas.