Tres pequeñas naves respaldadas por la NASA despegaron el jueves 1 de octubre desde la base Vandenberg, en California, para poner a prueba motores, observar galaxias e inspeccionar satélites fuera de servicio. El lanzamiento se realizó a las 11:32, hora del Pacífico estadounidense, en un Falcon 9 de SpaceX. ASCENT, SPRITE y SSPICY compartieron el vuelo comercial Transporter-18, según el informe publicado por la agencia ese mismo día.
ASCENT abordará un problema concreto del diseño espacial: cómo combinar maniobras rápidas con movimientos lentos y eficientes sin duplicar los depósitos de combustible. Su sistema alimenta un motor químico y propulsores eléctricos desde un tanque común. La propuesta busca reducir el peso y el volumen dedicados a la propulsión, y dejar más espacio para instrumentos. Es una demostración tecnológica: las ventajas previstas todavía deben comprobarse durante las operaciones en órbita.
Antes del despegue, el equipo del Centro Marshall verificó las uniones y válvulas mediante ensayos de fugas con helio presurizado, además de pruebas de vacío térmico y de giro. Estas últimas permiten determinar cómo se distribuye la masa y si el vehículo está equilibrado. El plan anunciado el 25 de septiembre contempla nueve meses de misión: primero se revisarán los sistemas y se harán maniobras breves; si funcionan, seguirán cambios de altura orbital alternando ambos tipos de motores.
SPRITE tiene una tarea científica distinta. El Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado Boulder lo desarrolló para estudiar cómo la energía y la materia circulan por las galaxias. Su instrumento combina imágenes y espectroscopia en el ultravioleta lejano. En lugar de medir únicamente un punto, intentará obtener información de áreas extensas de galaxias cercanas, donde diferentes regiones de formación estelar pueden comportarse de manera distinta aunque luzcan parecidas en una fotografía.
El objetivo es comprender mejor por dónde escapa la radiación capaz de ionizar hidrógeno. Ese proceso ayuda a investigar una etapa del universo temprano en la que la luz de las primeras estrellas y galaxias transformó el gas intergaláctico. El equipo también probará recubrimientos de espejos y detectores considerados para futuros observatorios. La universidad destacó la participación de estudiantes de posgrado en la elección de objetivos, la validación del instrumento y la preparación de las operaciones.
La tercera misión, SSPICY, utilizará el vehículo Otter 24C de Starfish Space para acercarse a un máximo de cuatro satélites estadounidenses inoperativos en órbita terrestre baja. Examinará su superficie, geometría y características orbitales con tecnologías de navegación autónoma y visión por computadora. El programa prevé comenzar las inspecciones en 2027 y operar durante unos dos años. El alcance anunciado es reunir información y demostrar capacidades; el despegue no significa que ya se hayan reparado o retirado objetos del espacio.
La NASA había anunciado en septiembre de 2024 un contrato de US$15 millones durante tres años para desarrollar SSPICY. El antecedente permite entender por qué la inspección es un paso importante: los vehículos abandonados pueden fragmentarse o chocar y generar nuevos desechos. Conocer su estado físico ayuda a evaluar futuras intervenciones. El proyecto busca aportar datos para esas decisiones y para desarrollar servicios de mantenimiento o retiro, sin convertir esas posibilidades en resultados ya obtenidos.
Starfish había presentado su primer Otter el 24 de septiembre y explicado que, después del lanzamiento, debía poner en servicio la nave antes de preparar sus operaciones comerciales. La empresa diseña esta familia de vehículos para prolongar la vida útil de satélites o asistir en su disposición final. En esta primera misión para la NASA, el trabajo inicial será verificar el funcionamiento del vehículo y prepararlo para cumplir el programa de inspecciones.




