Un análisis de datos de Solar Orbiter permitió vincular un pliegue del campo magnético del viento solar con plasma procedente de estructuras calientes de la corona del Sol. El estudio, publicado el 8 de octubre en Nature Astronomy, encontró en partículas de oxígeno y carbono una huella de su región de origen. El resultado aporta evidencia para explicar cómo ese material escapa de la atmósfera solar y cómo se propaga después por el espacio.
La investigación trabaja sobre observaciones realizadas el 2 de marzo de 2022, cuando la nave de la Agencia Espacial Europea y la NASA se encontraba a unas 0,55 unidades astronómicas del Sol, aproximadamente a la mitad de la distancia media entre la Tierra y la estrella. La fecha de las mediciones y la publicación son distintas: el avance difundido ahora surge del análisis conjunto de aquellos registros, imágenes solares y modelos del campo magnético.
El viento solar es un flujo continuo de partículas cargadas que sale del Sol y lleva consigo líneas de su campo magnético. Esas líneas pueden doblarse hasta formar inversiones bruscas conocidas como switchbacks. Las naves que se acercan a la estrella las observan con frecuencia, pero su formación sigue siendo una pregunta de investigación. En este caso, Solar Orbiter atravesó una estructura especialmente extensa, lo que permitió obtener información de partículas que no siempre pueden medirse con suficiente detalle en fenómenos más breves.
El equipo, encabezado por Jesse Coburn, utilizó el instrumento Solar Wind Analyser para estudiar la composición del plasma. Encontró proporciones elevadas de determinados estados de carga del oxígeno y del carbono, junto con una menor presencia de helio en relación con los protones. Los autores interpretan esa combinación como evidencia de material que estuvo en bucles magnéticos cerrados y calientes de la corona. La composición conserva información sobre condiciones cercanas al Sol aun después de que las partículas se alejan.
Para relacionar las mediciones de la nave con una zona solar, los investigadores elaboraron un modelo apoyado en observaciones de temperatura y densidad de electrones realizadas por el Solar Dynamics Observatory de la NASA. El análisis señala dos regiones posibles: el borde de un agujero coronal o bucles dentro de ese agujero. En ambos escenarios, la explicación favorecida es la reconexión por intercambio, un proceso en el que líneas magnéticas cerradas se conectan con otras abiertas y liberan al espacio plasma que antes estaba atrapado.
El trabajo también estudia lo que ocurre durante la propagación. Las variaciones de velocidad de los protones y del campo magnético son compatibles con una perturbación de tipo Alfvén que se desplaza hacia afuera. Según los investigadores, esto permite conciliar mecanismos que a menudo se presentan como explicaciones rivales: la reconexión puede liberar el material desde la corona, mientras las ondas y la turbulencia intervienen en su movimiento posterior. Se trata de funciones complementarias en distintas etapas, no necesariamente de una única causa para todo el recorrido.
Los autores aclaran que el estudio no resuelve de manera directa cómo se forman todos los switchbacks. La estructura principal analizada duró más que las de muchos trabajos anteriores; en otras más cortas, las variaciones medidas quedaron cerca del ruido instrumental y de la incertidumbre estadística. Por eso, la investigación propone ampliar los estudios y observar más situaciones solares antes de generalizar el resultado. Esa cautela limita el alcance del hallazgo sin quitar valor a la conexión identificada entre la corona y el viento solar.
Comprender ese vínculo ayuda a investigar dos problemas mayores: cómo se calienta la atmósfera solar y cómo se aceleran las partículas que abandonan la estrella. La ESA destacó además la utilidad de avanzar en el conocimiento del entorno que afecta a satélites y otras tecnologías espaciales. El estudio presenta un método para reconstruir la historia del plasma a partir de sus señales medibles; no constituye un pronóstico de tormenta solar ni una alerta de impacto sobre la Tierra.




