Una imagen difundida por la NASA este 6 de octubre muestra enormes franjas de agua marrón mezclándose con el azul de la bahía James, en Canadá. La escena, captada por Landsat 9 el 27 de septiembre, permite distinguir dos procesos que conviven en las desembocaduras: la materia orgánica disuelta que oscurece los ríos y los sedimentos que las corrientes y las mareas mantienen en suspensión. El contraste atraviesa las bahías Hannah y Rupert, en el extremo sur de ese sistema costero.

La explicación publicada por el Observatorio de la Tierra de la agencia ubica el origen de parte del color lejos de la costa. Los cursos de agua recorren bosques boreales y humedales de Quebec y Ontario antes de llegar a las bahías. En ese trayecto incorporan sustancias provenientes de hojas, raíces, cortezas y suelos en descomposición. Esos componentes absorben luz, especialmente en las porciones azul y ultravioleta del espectro, y hacen que el agua adopte tonos oscuros.

La NASA compara el mecanismo con lo que ocurre cuando se prepara té. Entre las sustancias que contribuyen a teñir el agua hay derivados de taninos y ligninas. Esa materia orgánica disuelta coloreada, identificada por la sigla inglesa CDOM, ayuda a explicar por qué una corriente puede verse marrón sin que ese color permita, por sí solo, diagnosticar un episodio de contaminación. La publicación describe procesos naturales observados en la imagen y no informa una emergencia ambiental en el lugar.

En la captura se reconocen los aportes de los ríos Moose, Nottaway y Harricanaw. Sus aguas cruzan amplias planicies de barro antes de mezclarse con las de la bahía James. Allí aparece otro componente del paisaje: las zonas de marrón más claro próximas a la orilla corresponden a sedimentos finos removidos del fondo. Las mareas y las corrientes levantan esas partículas y forman plumas que se combinan con el agua ya teñida por la materia orgánica.

La forma del fondo favorece esa dinámica. El sector más austral de la bahía James es poco profundo y tiene una pendiente suave. Los ríos depositan barro y otros materiales de manera continua, mientras el terreno todavía se eleva lentamente por el rebote posterior a la desaparición de los antiguos mantos de hielo. El relieve costero, por tanto, conserva la influencia de procesos geológicos prolongados a la vez que cambia con el movimiento cotidiano del agua.

La mirada desde el espacio también deja ver diferencias sobre tierra firme. Hay trazos verdes ramificados, similares a venas, asociados a los canales de drenaje. Según la interpretación de la agencia, el contraste probablemente responde a diferencias de humedad y vegetación: el crecimiento más denso y arbolado junto a los cursos aparece verde oscuro, mientras las turberas de drenaje deficiente muestran una cobertura de árboles menos extensa y tonos más claros.

La imagen fue elaborada por Lauren Dauphin, del Observatorio de la Tierra, a partir de datos Landsat del Servicio Geológico de Estados Unidos. El programa Landsat combina observaciones de la NASA y ese organismo para seguir la superficie terrestre. En este caso, la captura corresponde al instrumento óptico de Landsat 9 y muestra un momento concreto de fines de septiembre; la fecha de publicación es posterior a la toma y no debe confundirse con ella.

El registro incluye referencias cartográficas que permiten ubicar la isla Charlton y la pequeña Stag Rock, además de las desembocaduras. Más que un único manchón de agua oscura, la escena reúne materiales y movimientos diferentes. Separar la materia disuelta de las partículas suspendidas ayuda a leer ese mosaico: detrás de los colores están el recorrido de los ríos, la descomposición vegetal, el depósito de sedimentos y el intercambio de agua con las mareas.