Un software argentino que permite visualizar y planificar la estimulación eléctrica del cerebro obtuvo el primer lugar del Premio Merck–CONICET de Innovación en Ciencias de la Salud 2026. El desarrollo, denominado NViES, es liderado por Mariano Fernández Corazza, investigador del Instituto de Investigaciones en Electrónica, Control y Procesamiento de Señales (LEICI, CONICET–UNLP), y está orientado a la evaluación previa a cirugías de epilepsias que no responden a medicamentos.
El CONICET comunicó el resultado el 22 de octubre. La premiación se realizó en el Centro Cultural de la Ciencia, en Buenos Aires, con autoridades del organismo, de Merck Argentina, de la Embajada de Alemania y de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología. En esta edición se presentaron 84 proyectos de base científica o tecnológica vinculados con la salud.
NViES, abreviatura de NeuroVisualizer for Electrical Stimulation, trabaja a partir de imágenes del paciente para construir un modelo tridimensional del cerebro. Su objetivo es mostrar qué regiones se estimulan con distintas combinaciones de electrodos y ofrecer a los profesionales una herramienta para planificar la exploración. El equipo busca convertir ese trabajo en un software como servicio.
La dificultad que intenta abordar aparece antes de una eventual intervención quirúrgica. Para localizar las regiones donde se originan las crisis, los equipos médicos pueden utilizar electrodos que registran actividad cerebral y aplican corrientes eléctricas. Según la explicación difundida por el CONICET, las limitaciones para visualizar el alcance de esa estimulación pueden dejar áreas sin explorar. El programa procura aportar información para esa tarea, no reemplazar la decisión de los profesionales.
Entre sus objetivos también figura estudiar combinaciones de electrodos que permitan acceder a regiones que no se examinan con las configuraciones habituales. La propuesta reúne en una misma herramienta el trabajo de neurología, neurocirugía, diagnóstico por imágenes y neuropsicología. Corazza explicó que el desarrollo ya funciona como prototipo y que el equipo aspira a llevarlo a una utilización más amplia.
El premio reconoce ese potencial tecnológico, pero no debe confundirse con una autorización sanitaria ni con una demostración de eficacia clínica general. La comunicación institucional describe metas como mejorar la precisión de los estudios y la coordinación de los especialistas; no aporta en esa nota resultados de un ensayo clínico que permitan cuantificar beneficios para todos los pacientes. La posibilidad de extender la herramienta a otras enfermedades que emplean electrodos cerebrales fue presentada como una perspectiva futura.
El segundo lugar correspondió a Héctor Ramiro Quintá, investigador del CONICET con lugar de trabajo en el Hospital Alemán. Su proyecto propone desarrollar la molécula sintética HBP-MF-HQ para activar el receptor DCC, involucrado en mecanismos de reparación de conexiones nerviosas. La investigación toma como referencia la señal que la proteína Netrina-1 transmite a las neuronas.
En este caso, el plan es sintetizar por primera vez la molécula y estudiar si produce reparación nerviosa en modelos experimentales. Se trata, por lo tanto, de una etapa de desarrollo y evaluación, no de un medicamento disponible para lesiones medulares. Las posibilidades de transferencia farmacéutica dependen de los resultados que obtenga esa investigación y de las etapas posteriores que correspondan.
La selección incluyó una evaluación inicial de las postulaciones y la presentación de diez finalistas ante un jurado con integrantes del CONICET y de Merck. El concurso busca facilitar el avance de proyectos científicos hacia aplicaciones en salud mediante la articulación entre investigación y sector privado.
Durante la ceremonia también se presentó el Foro Merck–CONICET de Innovación en Ciencias de la Salud. La iniciativa prevé conectar a ganadores, finalistas y postulantes de distintas ediciones, con actividades sobre propiedad intelectual, prototipos, transferencia tecnológica e internacionalización. Ese acompañamiento apunta a una fase decisiva para los desarrollos premiados: pasar de una propuesta o un prototipo a una aplicación validada, sin dar por resueltos los desafíos técnicos que todavía deben afrontar.




