Un equipo internacional detectó en el viento solar un cambio de sentido en el giro de los campos magnéticos que depende de la escala observada. El resultado, anunciado este 13 de octubre por la Universidad de Tokio, surge de mediciones de la sonda Parker Solar Probe de la NASA.

Al mirar en dirección opuesta al Sol, el campo tiende a girar en sentido antihorario en las estructuras grandes y horario en las pequeñas. La inversión aparece donde el plasma deja de comportarse principalmente como un fluido y adquiere mayor importancia el movimiento de sus partículas. Además, ese cambio se desplaza hacia longitudes de onda mayores al alejarse del Sol.

El estudio, encabezado por Masatomi Iizawa, de la Universidad Técnica de Braunschweig, fue publicado en The Astrophysical Journal Letters. Participaron investigadores de diez países. Su aporte es identificar organización dentro de un medio turbulento, donde las fluctuaciones pueden parecer desordenadas.

La Universidad de Kyushu, otra de las instituciones participantes, explica el resultado mediante la helicidad magnética: una medida de cuánto se retuerce o se entrelaza un campo magnético. Esa propiedad ayuda a describir la estabilidad de sus estructuras y la energía que conservan. En condiciones ideales permanece constante, y en el viento solar se comporta como una cantidad especialmente resistente a los cambios. Seguirla permite examinar cómo evoluciona el plasma durante su expansión.

La frontera entre lo microscópico y lo macroscópico es central para esa observación. A un lado importa la dinámica de las partículas individuales; al otro, resulta útil describir el conjunto como un fluido. El equipo encontró crecimiento de las estructuras magnéticas en esa zona de transición. Parte del análisis utiliza mediciones rápidas del magnetómetro de Parker, obtenidas en un modo especial que registra variaciones inaccesibles para su funcionamiento habitual.

Parker fue lanzada el 12 de agosto de 2018 desde Cabo Cañaveral. Su misión consiste en investigar el origen y la evolución del viento solar mediante observaciones cercanas a la estrella. En 2021 se convirtió en la primera nave que atravesó la corona, la atmósfera superior del Sol, y tomó muestras de sus partículas y campos magnéticos. Esa proximidad le permite estudiar directamente el entorno donde se inicia el flujo.

La nave lleva cuatro conjuntos de instrumentos para medir campos, plasma y partículas energéticas, además de obtener imágenes del viento solar. Un escudo de material compuesto de carbono protege los equipos durante los acercamientos. Entre las preguntas que orientan la misión están por qué la corona alcanza temperaturas superiores a las de la superficie solar y qué procesos aceleran el material que escapa hacia el espacio.

Ese material incluye electrones y protones, partículas con carga eléctrica que interactúan con los campos magnéticos. La NASA explica que el viento solar arrastra el campo del Sol y que la rotación de la estrella le da una forma general de espiral. Durante el recorrido se producen ondas de plasma, asociadas a fluctuaciones eléctricas y magnéticas que también pueden acelerar partículas. Por eso, comprender el flujo requiere estudiar a la vez materia y campos.

En la Tierra, la magnetosfera desvía gran parte de ese flujo, aunque algunas partículas ingresan y contribuyen a producir auroras. Las variaciones intensas también pueden afectar infraestructura eléctrica. Ese vínculo explica el interés en conocer mejor la física del viento solar. El anuncio describe un resultado de investigación; no incluye una alerta de tormenta ni un pronóstico de impactos para una fecha determinada.