Un instrumento de la misión PACE permite seguir desde el espacio cómo cambian los pigmentos de la vegetación a escala global. En un informe difundido este lunes, el Observatorio de la Tierra de la NASA presentó mapas de fines de septiembre y comienzos de octubre que muestran el avance de los tonos rojizos durante el otoño del hemisferio norte. La información no registra solamente un paisaje: ofrece una forma de comparar cuándo cambia el color de las plantas y cómo evoluciona ese proceso entre regiones.

El sensor OCI observa los océanos y la vegetación en 286 bandas espectrales. Esa separación de la luz permite distinguir señales asociadas a tres grupos de pigmentos: las clorofilas, responsables de los verdes; los carotenoides, vinculados con amarillos y naranjas; y las antocianinas, relacionadas con los rojos. El equipo compara esas señales y construye series de observaciones, en lugar de depender de una única toma.

Los mapas publicados corresponden a dos períodos: del 29 de septiembre al 4 de octubre y del 5 al 11 de octubre de 2026. En el primero, las señales rojizas fueron especialmente intensas en sectores del norte y el este de Rusia, el norte de Alaska y el norte de Canadá. Durante la semana siguiente, el color comenzó a perder intensidad en Nueva Inglaterra y el norte del estado de Nueva York, mientras se extendía por zonas del centro y el este de Estados Unidos.

La interpretación exige algunas precauciones. Los colores amarillos o rojos de esos mapas no equivalen siempre a hojas otoñales. Algunos cultivos también muestran niveles altos de antocianinas al envejecer o después de la cosecha. Además, la presencia de nubes puede dejar vacíos aparentes en las observaciones. Por eso, el indicador necesita analizarse junto con el tipo de vegetación y las condiciones de cada lugar.

El informe incluye una observación complementaria del satélite Landsat 9, tomada el 3 de octubre en los alrededores de Ripton, en Vermont. En ella se distinguen laderas boscosas rojizas y anaranjadas, mientras los valles y las zonas de menor altura conservan más verde. En esa región, los arces contribuyen a los colores intensos que aparecen durante el otoño. La toma permite observar con mayor detalle una parte del fenómeno que PACE sigue a escala planetaria.

El cambio tiene una explicación en el funcionamiento de las hojas. Cuando los días se acortan y bajan las temperaturas, disminuye la clorofila que las plantas necesitan para producir su alimento. Al perder fuerza el verde, se hacen más visibles los otros pigmentos. Pero la sequía o el daño provocado por insectos también pueden alterar esos colores; no toda variación responde al calendario de las estaciones.

Para contrastar las mediciones, el equipo solicita fotografías tomadas desde el suelo mediante la campaña norteamericana de fenología del programa GLOBE. Esos registros ayudan a comprobar qué estaba viendo el satélite en un punto determinado. No se buscan únicamente bosques: también resultan útiles las observaciones de arbustos, pastos, flores silvestres, cultivos y plantas que mantienen sus hojas durante todo el año.

Los investigadores esperan que estas series contribuyan a estudiar cambios en los ciclos de la vegetación, su relación con el carbono y posibles señales tempranas de estrés. Detectar sequías, infestaciones o enfermedades de manera anticipada es una línea de investigación, no una capacidad que el informe dé por demostrada. La ventaja actual de PACE es poder repetir las mediciones de los tres grupos de pigmentos en todo el planeta cada uno o dos días.