Mejorar el pronóstico de un huracán exige calcular su recorrido, pero también cómo evolucionan sus vientos y su estructura interna. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) presentó el 14 de octubre un balance de una versión experimental de su sistema de predicción: HFXB, una configuración de HAFS-B que mostró avances en varias mediciones y mantiene dificultades en otras.
El informe institucional recupera resultados de pruebas de la temporada de 2024 y de un artículo publicado este año en Weather and Forecasting. No anuncia que esa configuración experimental haya pasado a integrar un nuevo servicio operativo. Explica qué se está ensayando y por qué el proceso de comparación resulta necesario antes de incorporar cambios a los pronósticos oficiales.
Un modelo que combina aire y océano
HAFS, sigla inglesa del Sistema de Análisis y Pronóstico de Huracanes, comenzó a funcionar de manera operativa en 2023. Su desarrollo reúne a equipos de NOAA y al Instituto Cooperativo de Estudios Marinos y Atmosféricos de la Universidad de Miami. El sistema aporta orientación a los pronosticadores del Centro Nacional de Huracanes estadounidense.
Una de sus características es trabajar con áreas de mayor resolución que acompañan al ciclón. Esas ventanas permiten representar con más detalle procesos próximos al centro de la tormenta, dentro de un cálculo que también necesita considerar el entorno. El objetivo general de HAFS incluye ofrecer información sobre trayectoria, intensidad y estructura con un horizonte de hasta siete días.
La versión analizada incorpora cambios en la asimilación de datos, el procedimiento que combina observaciones con el estado calculado por el modelo. Su punto de partida debe describir lo mejor posible la atmósfera real: errores iniciales pueden propagarse durante la simulación.
También integra el modelo oceánico MOM6 y un esquema de convección Tiedtke ajustable a la escala de cálculo. MOM6 representa la circulación del agua; el esquema convectivo aproxima efectos de las nubes y los intercambios de calor que no siempre pueden resolverse directamente. La combinación busca representar mejor la interacción entre el mar y la atmósfera.
Qué mejoró en las pruebas
El estudio encabezado por Andrew Hazelton comparó HFXB con configuraciones operativas y experimentales en las cuencas del Atlántico y del Pacífico oriental. Evaluó trayectoria, intensidad, intensificación rápida y el radio donde se concentran los vientos máximos. Son indicadores diferentes: un modelo puede acertar mejor el recorrido sin mejorar en la misma proporción la fuerza del ciclón.
Los investigadores encontraron una reducción de ciertos desvíos laterales de trayectoria respecto de otras versiones de HAFS utilizadas en 2024. El resultado interesa también porque aporta diversidad entre configuraciones: dos modelos con comportamientos distintos pueden ofrecer información complementaria a quienes elaboran el pronóstico.
Según el balance de NOAA, HFXB registró errores medios de intensidad menores en buena parte de los plazos evaluados. La agencia destacó mejoras entre las 96 y las 126 horas de anticipación, así como en la representación del tamaño del núcleo y la ubicación de los vientos más fuertes.
Los límites también importan
El desempeño ante la intensificación rápida fue comparable al de los modelos operativos, sin una ventaja general demostrada. Además, persistió una tendencia a estimar intensidades demasiado débiles. El análisis detallado de Beryl, Helene y Milton, todos de 2024, permitió reconocer aciertos en cambios de estructura y fallas que requieren más trabajo.
El sistema depende de observaciones reales. Entre los instrumentos empleados por NOAA hay sondas lanzadas desde aviones, que descienden con paracaídas y registran presión, temperatura, humedad y viento. Esos datos ayudan a describir ambientes oceánicos donde las mediciones son escasas.
Las configuraciones experimentales se ejecutan en condiciones cercanas a la operación y se contrastan con las herramientas vigentes. El paso decisivo sigue siendo comprobar que las mejoras sean consistentes. Para el público, el resultado útil llegará cuando ese trabajo pueda fortalecer la información que interpretan y comunican los servicios meteorológicos.




