Estudiantes de sexto año de Medicina de la Universidad Católica de Cuyo completaron una capacitación en Lengua de Señas Argentina (LSA). La Facultad de Ciencias Médicas evalúa extender la propuesta y convertirla en una materia regular, según informó Diario de Cuyo el 17 de octubre. Esa incorporación todavía es un objetivo, no un cambio curricular confirmado.

El curso comprendió 48 horas durante doce semanas. Incluyó vocabulario sanitario y simulaciones de consultas, guardias e internación. El 80% del tiempo se destinó a prácticas e interacción, con un profesor sordo y acompañamiento de un intérprete. También se utilizaron apoyos visuales y se analizaron las dificultades de acceso sanitario desde la experiencia de las personas sordas. La publicación ubica el cierre en los días previos, sin precisar una fecha exacta; tampoco informa cuántos estudiantes terminaron.

La experiencia tiene un antecedente institucional concreto. El 11 de marzo, la universidad difundió el acuerdo con la Asociación de Sordomudos de San Juan, denominación utilizada en aquel comunicado. La cooperación preveía comenzar con los últimos años de Medicina para facilitar la comunicación de los futuros profesionales con pacientes que utilizan LSA. La posibilidad de alcanzar otras unidades académicas también estaba planteada desde ese momento.

El acuerdo comprendía talleres complementarios sobre lengua de señas básica, comunicación accesible en salud y cultura sorda. La asociación aportaría asesoramiento técnico para las clases y el material didáctico. Además, se habían previsto actividades de extensión vinculadas con información sanitaria y el uso compartido de instalaciones. Ese alcance permite distinguir dos planos: la formación de estudiantes dentro de la universidad y el trabajo con la comunidad fuera del aula.

La rectora María Laura Simonassi y Leonardo Miguel Pérez, presidente de la asociación, suscribieron el convenio marco. El acta complementaria fue firmada por el decano Sergio Gabriel Albarracín y Alicia Ortiz Tejada, de la subcomisión de intérpretes. Son los responsables que la universidad identificó al anunciar la cooperación en marzo.

El marco nacional también reconoce la dimensión cultural de esta lengua. La Ley 27.710, sancionada el 13 de abril de 2023, reconoce a la LSA como lengua natural y originaria y parte del patrimonio lingüístico de las personas sordas. La norma explica que su modalidad es visoespacial y que posee una gramática propia, distinta del castellano. Entre sus objetivos figuran eliminar barreras comunicacionales, facilitar el acceso a la información y fortalecer la autonomía personal. También reconoce como organismos de consulta a las organizaciones representativas constituidas por personas sordas.

Esa perspectiva exige evitar una respuesta única para todas las situaciones. La guía oficial de accesibilidad sobre interpretación LSA-español señala que la comunidad sorda es diversa: algunas personas requieren interpretación, otras utilizan lectura labial, subtítulos o ayudas auditivas. También recuerda que las lenguas de señas varían entre países y emplean movimientos corporales, expresiones faciales y el espacio, además de las manos.

La misma guía diferencia el aprendizaje de una lengua del trabajo especializado de interpretación. Interpretar implica preparar vocabulario, acordar estrategias y transmitir el sentido con precisión; no consiste en sustituir palabras de manera mecánica. El material propone equipos con intérpretes y asesoramiento lingüístico-cultural de personas sordas. Para la formación sanitaria, ese contexto ayuda a comprender por qué incorporar herramientas básicas de comunicación constituye un paso de accesibilidad, pero no permite dar por reemplazada la tarea de intérpretes profesionales ni asegurar que todas las necesidades de cada paciente quedarán cubiertas.