La distribución de los ingresos mostró una mejora durante el segundo trimestre de 2026 respecto del comienzo del año, aunque no recuperó el nivel del mismo período de 2025. El informe difundido por el INDEC situó el coeficiente de Gini en 0,428, frente a 0,442 del trimestre anterior y 0,424 de un año atrás. La lectura depende, por lo tanto, de la comparación elegida: hubo una reducción trimestral de la desigualdad y un aumento interanual.
El indicador resume el grado de concentración en una escala de cero a uno. Un valor menor expresa una distribución más pareja, pero no establece por sí solo cuánto puede comprar una familia ni reemplaza la medición de pobreza. Además, el informe corresponde a la población de los 31 aglomerados urbanos cubiertos por la Encuesta Permanente de Hogares. Su alcance no equivale a un relevamiento individual de todos los habitantes del país, incluidas las áreas rurales.
Entre los extremos de la distribución, la brecha de las medianas del ingreso per cápita familiar fue de 13 veces, según el redondeo informado. El valor central del décimo decil llegó a $1.800.000 y el del primero fue de $134.000. La mediana divide cada grupo en dos mitades: una percibe menos y otra más. Esas cifras no deben confundirse con los ingresos promedio, que en esos mismos extremos fueron de $2.221.170 y $124.142, respectivamente.
La diferencia también aparece al observar cuánto del total recibió cada grupo. El decil inferior reunió el 1,8% de los ingresos y el superior concentró el 32,3%. Para el conjunto de la población relevada, el ingreso per cápita familiar promedio alcanzó $688.496, mientras que la mediana quedó en $500.000. Que el promedio supere al valor central muestra el efecto de los ingresos altos sobre una cifra que, tomada aisladamente, puede dar una imagen incompleta de la situación de los hogares.
El 17,3% de la población tuvo ingresos inferiores a la mitad de la mediana per cápita familiar. La población de referencia fue de 30,2 millones de personas. De ese universo, 18,807 millones percibieron algún ingreso, equivalentes al 62,4%, con un promedio individual de $1.094.136. El ingreso individual y el familiar por persona responden a preguntas diferentes: el primero considera lo que recibe cada perceptor; el segundo distribuye los recursos del hogar entre todos sus integrantes, incluidos quienes no trabajan o no tienen entradas propias. Mezclar ambas medidas altera la comparación.
El trabajo explicó el 78,1% de los ingresos de los hogares y los recursos no laborales representaron el 21,9%. En este segundo conjunto se incluyen, entre otras entradas, jubilaciones, pensiones, alquileres y asistencia. La composición ayuda a interpretar por qué la evolución del salario no describe por completo la capacidad económica de una familia. También importan la cantidad de integrantes, cuántos perciben ingresos y el origen de esos recursos.
Entre los 9,4 millones de asalariados, el ingreso promedio fue de $1.161.833. La diferencia según descuento jubilatorio resultó importante: quienes lo tenían recibieron en promedio $1.433.794 y quienes no contaban con él, $706.204. Las variaciones expresadas en pesos corrientes son nominales; para hablar de poder adquisitivo hace falta compararlas con la evolución de los precios en el mismo período. El informe deja así dos planos para seguir: cómo se reparte el ingreso y qué capacidad de compra conserva, sin convertir una mejora trimestral del Gini en una recuperación uniforme de todos los hogares.




