La NASA anunció este jueves 8 de octubre un nuevo paso en su aporte a LISA, el observatorio espacial que buscará detectar ondas gravitacionales mediante tres satélites separados por millones de kilómetros. La empresa L3Harris Technologies diseñará, ensamblará e integrará una unidad de ensayo de ingeniería del telescopio. Será el último equipo de prueba antes de avanzar hacia los instrumentos de vuelo, dentro de una misión liderada por la Agencia Espacial Europea y prevista para mediados de la década de 2030.
La novedad corresponde al desarrollo de un componente, no al lanzamiento del observatorio ni a una detección científica. El nuevo telescopio aprovechará los resultados de las pruebas realizadas con un prototipo que L3Harris entregó a la NASA en mayo de 2024. Ritva Keski-Kuha, responsable del programa de telescopios de LISA en el Centro Goddard, explicó que esta será la última unidad previa al vuelo y la primera entrega de un telescopio óptico a la ESA. En junio de este año ya se había enviado un modelo estructural fabricado en metal.
LISA tendrá una configuración muy distinta de la de un telescopio que toma imágenes del cielo. Sus tres naves seguirán a la Tierra en su recorrido alrededor del Sol y formarán un triángulo con lados de 2,5 millones de kilómetros. Cada satélite llevará dos telescopios, que enviarán y recibirán simultáneamente haces láser infrarrojos hacia los otros vehículos. La NASA aportará los seis instrumentos. El sistema medirá variaciones diminutas en las distancias, producidas por el paso de ondas gravitacionales.
El desafío exige mantener una estabilidad extraordinaria. Los telescopios estarán construidos con Zerodur, un material vitrocerámico de tono ámbar cuya forma cambia muy poco ante variaciones de temperatura. El prototipo de 2024 fue fabricado y ensamblado en Rochester, Nueva York. Su espejo principal tiene un revestimiento de oro para reflejar mejor los láseres infrarrojos y reducir la pérdida de calor hacia el espacio. Esas características responden a las necesidades de medición del observatorio, que debe distinguir cambios mucho menores que las dimensiones de un átomo.
Las ondas gravitacionales son perturbaciones del espacio-tiempo que se producen cuando se aceleran objetos masivos. Fueron previstas por la relatividad general y detectadas por primera vez desde la Tierra en 2015. LISA apunta a señales de frecuencias más bajas que las accesibles para las instalaciones terrestres. Entre sus objetivos figuran las fusiones de agujeros negros muy masivos y los pares compactos de enanas blancas, estrellas de neutrones o agujeros negros de masa estelar. La misión buscará obtener información sobre sus distancias y propiedades.
El telescopio es una parte de un conjunto más amplio. La contribución estadounidense también incluye el sistema láser, dispositivos para controlar la acumulación de carga eléctrica y herramientas para analizar los datos. En enero, Goddard completó pruebas de una segunda versión temprana del sistema de referencia de frecuencia, suministrado por BAE Systems, después de evaluar la primera en mayo de 2025. Ese componente ayuda a estabilizar los láseres para medir distancias con precisión de picómetros, es decir, billonésimas de metro.
En el interior de las naves habrá masas de prueba de oro y platino que flotarán libremente. Los vehículos controlarán su movimiento y las condiciones de su entorno para reducir las fuerzas ajenas a la gravedad. La misión precursora LISA Pathfinder demostró en 2016 que era posible alcanzar el nivel de aislamiento requerido. Los próximos instrumentos deberán integrar esas exigencias de estabilidad, óptica y control. El anuncio de este jueves ubica al telescopio en una nueva fase de ensayo; el calendario general del observatorio sigue apuntando a mediados de la próxima década.




