El río San Juan podría aportar 1.653 hectómetros cúbicos entre octubre de 2026 y septiembre de 2027, según el pronóstico de Oscar Dölling, de la UNSJ, difundido por Tiempo de San Juan. Frente a los 753 del ciclo anterior, representa 900 más: un aumento aproximado de 119,5%.

El gráfico del Programa de Gestión Integral de Cuencas Hidrográficas de la UNSJ presenta tres escenarios anuales: 1.489 hectómetros cúbicos como mínimo, 1.653 como valor más probable y 1.817 como máximo.

Un pronóstico con un rango de resultados

Los valores describen el volumen previsto para todo un año hídrico. No son una medición del agua que ya llegó ni un caudal que se mantendrá idéntico todos los meses. Un hectómetro cúbico equivale a un millón de metros cúbicos; el caudal, en cambio, expresa cuánta agua pasa por segundo. Esa distinción permite leer tanto la proyección anual como la distribución mensual del estudio.

El rango entre los extremos suma 328 hectómetros cúbicos. La diferencia muestra por qué conviene conservar las tres alternativas al leer la proyección, en lugar de tratar el escenario más probable como una cantidad asegurada.

El pico esperado y la curva mensual

El gráfico de la presentación, reproducido por Tiempo de San Juan, ubica en diciembre el mayor caudal medio mensual del escenario más probable, con 78,3 metros cúbicos por segundo. Antes de ese pico, octubre tendría 51,1 y noviembre, 70,6. En enero de 2027 se proyectan 75,5, todavía cerca del máximo de diciembre, y en febrero, 63,3.

Desde marzo, la curva baja a 49,5 metros cúbicos por segundo. Para abril se calculan 41,5; para mayo, 40,7; y para junio, 40,9. El tramo final del ciclo muestra valores de 39,3 en julio, 38 en agosto y 40,2 en septiembre. La secuencia permite identificar el período de mayor aporte previsto sin confundirlo con el volumen total del año.

La base de la comparación

Tiempo de San Juan informó que la comparación utiliza registros de la estación de aforos del kilómetro 101, de Hidráulica, y que la proyección analiza imágenes MODIS de la superficie nevada de la cordillera.

Cómo se observa la nieve desde el espacio

La documentación del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC), que distribuye productos de MODIS para la NASA, explica que la detección aprovecha una diferencia de reflectancia: la nieve devuelve mucha luz visible y poca radiación infrarroja de onda corta. Con esa señal se construye un índice asociado a la presencia de nieve en cada píxel, que ayuda a distinguirla de la mayoría de las nubes.

La observación tiene límites. El NSIDC advierte que las nubes pueden impedir el mapeo y que coberturas muy delgadas o de corta duración pueden quedar sin registrar. Por eso, una imagen de superficie nevada no debe leerse directamente como un volumen de agua disponible. Es contexto para interpretar este tipo de información satelital; no establece qué correcciones específicas aplicó el equipo sanjuanino ni modifica los valores que presentó.

Qué se espera para los embalses

Según la cobertura de Tiempo de San Juan, Dölling vinculó el escenario máximo con la posibilidad de llenar Caracoles, Punta Negra y Ullum. Esa posibilidad no constituye una garantía.

El informe oficial de Hidráulica sigue pendiente. Tiempo de San Juan indicó, citando al secretario de Recursos Hídricos David Devia, que se esperaba para la segunda quincena de octubre.