El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, presidió este domingo 4 de octubre la misa central de la 52ª Peregrinación Juvenil a Luján y pidió recomponer los vínculos entre los argentinos, abandonar la descalificación y acompañar a quienes atraviesan mayores dificultades. La celebración se realizó a las 7 en la Plaza Belgrano, frente a la Basílica, después de la caminata iniciada el sábado desde el barrio porteño de Liniers.
En su homilía, el prelado vinculó el cansancio físico de los peregrinos con las heridas que provocan la intolerancia, los insultos y la violencia. Utilizó la imagen de las ampollas que deben curarse tras el recorrido para plantear la necesidad de reparar las relaciones sociales. “Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes”, sostuvo, antes de distinguir el perdón, la solidaridad y el encuentro como respuestas frente al desprecio y la indiferencia.
El llamado tuvo destinatarios concretos. García Cuerva pidió que el regreso a los hogares se traduzca en cercanía con las personas mayores, quienes tienen discapacidad y sus familias, los desempleados, quienes viven en la calle y los jóvenes afectados por las drogas. También incluyó a las personas que piensan distinto. Su exhortación apuntó a que la experiencia compartida durante la peregrinación continúe en gestos cotidianos de atención y respeto.
El arzobispo presentó el camino a Luján como una experiencia capaz de reunir a personas con historias y posiciones diferentes. Recordó que cada caminante llevaba consigo las preocupaciones de familiares, amigos, enfermos y vecinos. En esa lectura religiosa, el esfuerzo común permite reconocer necesidades compartidas y construir comunidad. El lema de la edición, centrado en reconocerse hermanos en el abrazo de María, atravesó la reflexión y el pedido de diálogo.
La homilía también recuperó una reflexión de León XIV sobre el cuidado de quienes necesitan alimentos, atención médica, educación y compañía. García Cuerva relacionó ese compromiso con la preparación de la visita del Papa a la Argentina. A su vez, recordó a San Francisco de Asís en la conmemoración de los ochocientos años de su muerte y lo propuso como referencia de fraternidad, incluso frente a quienes sostienen otras ideas.
La peregrinación unió el Santuario de San Cayetano, en Liniers, con la Basílica de Nuestra Señora de Luján mediante un trayecto de aproximadamente sesenta kilómetros. La organización estuvo a cargo de la Comisión Arquidiocesana de Piedad Popular, con acompañamiento de la Provincia, el municipio y el Santuario. La crónica institucional de la ceremonia informó que el operativo de asistencia tiene previsto cerrar a las 10 de este domingo y que la Comisión difundirá posteriormente el balance final.
Para acompañar el desplazamiento, el Gobierno bonaerense había anunciado hospitales móviles, ambulancias, personal médico, efectivos policiales, controles de tránsito y puestos de agua y alimentos. La coordinación involucró a siete ministerios. El despliegue municipal incluyó puntos sanitarios en el recorrido y las inmediaciones de la Basílica, junto con cambios en la circulación destinados a facilitar el paso de los caminantes y de los vehículos de emergencia.
El esquema de transporte difundido por el municipio prevé el traslado de paradas de la Terminal de Ómnibus hasta la finalización del evento. Para las líneas 57 y 410 se estableció la salida en avenida Nuestra Señora de Luján, entre Dr. Real y Ugarte; para los taxis, en 9 de Julio y Dr. Real; y para los servicios de larga distancia, en la colectora de avenida Nuestra Señora de Luján y Dr. Real. La información corresponde al dispositivo anunciado para la peregrinación.
Las celebraciones religiosas continúan dentro de la Basílica durante el domingo. El Santuario confirmó misas a las 9.30, 11, 13, 15, 17 y 19, además de la posibilidad de acompañar las principales instancias a través de su canal oficial de YouTube. Tras la misa central, el mensaje de García Cuerva dejó planteado el compromiso de sostener el encuentro y el cuidado mutuo también después del regreso a casa.




