Una tormenta geomagnética de intensidad fuerte alcanzó la Tierra el sábado 10 de octubre y llevó a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) a registrar el nivel G3 de su escala. El organismo confirmó un máximo de 7 en el índice planetario Kp y, en su pronóstico actualizado a las 12.30 UTC del domingo, las 9.30 de Argentina, previó condiciones menores a moderadas para el 11 y el 12 de octubre.

El Centro de Predicción del Clima Espacial informó que la perturbación llegó después de una eyección de masa coronal originada el 8 de octubre. El impacto comenzó a detectarse alrededor de las 14.34 UTC del sábado, equivalentes a las 11.34 en Argentina. El nivel G3 se alcanzó a las 17.58 UTC, las 14.58 argentinas. La advertencia publicada ese día tenía vigencia hasta las 23.59 UTC del sábado, por lo que ese aviso específico ya había concluido.

Los instrumentos registraron un cambio marcado en el entorno espacial cercano al planeta. Según el informe técnico de la NOAA, la velocidad del viento solar pasó de unos 400 kilómetros por segundo a más de 530, antes de superar brevemente los 900. También aumentó la intensidad del campo magnético transportado por ese flujo. Su componente orientada hacia el sur favoreció la transferencia de energía hacia la magnetosfera terrestre. El domingo, los parámetros magnéticos habían regresado a niveles de fondo a las 9.47 UTC, aunque el viento solar continuaba cerca de los 600 kilómetros por segundo.

Una tormenta geomagnética es una alteración del campo magnético y de las partículas que rodean a la Tierra. No equivale a una tormenta meteorológica de lluvia o viento en superficie. El proceso comienza cuando las condiciones del viento solar permiten una interacción especialmente eficiente con la magnetosfera. Las corrientes eléctricas y los cambios magnéticos resultantes se miden desde distintos observatorios y se resumen en índices como Kp.

Las eyecciones de masa coronal expulsan plasma y campo magnético desde la atmósfera exterior del Sol. Pueden viajar durante varios días antes de alcanzar nuestro planeta. Para estimar su trayectoria, los especialistas analizan imágenes de coronógrafos, instrumentos que bloquean el brillo del disco solar y permiten observar su entorno. La velocidad, la dirección y la estructura magnética de cada expulsión influyen en la intensidad de la respuesta terrestre.

G3 es el tercer nivel de una escala de cinco categorías. La descripción de la NOAA contempla posibles problemas intermitentes de navegación satelital y radio, necesidad de ajustes de tensión en redes eléctricas y mayor resistencia atmosférica sobre satélites de órbita baja. Son efectos posibles asociados a esa intensidad: la clasificación por sí sola no confirma que todos hayan ocurrido durante este episodio ni permite atribuirle cualquier falla tecnológica.

Las auroras son otra manifestación de estas perturbaciones. Durante las tormentas, partículas y corrientes aportan energía a la alta atmósfera, mientras el área donde aparecen las luces puede extenderse hacia latitudes más bajas. Su observación depende también de la ubicación, la oscuridad y las condiciones del cielo. Los boletines consultados no incluyen una previsión específica de visibilidad para San Juan ni documentan afectaciones locales a los servicios.

La vigilancia continuó también sobre nuevas erupciones solares. El informe técnico actualizado el domingo señaló que la región activa 4549 produjo el sábado una llamarada M6.4, con máximo a las 15.10 UTC. Una eyección asociada apareció después en imágenes del coronógrafo LASCO. El modelo prevé que la mayor parte de ese material pase por delante y por encima de la órbita terrestre, aunque mantiene una pequeña posibilidad de efectos de roce hacia fines del lunes 12. No se trata de un impacto confirmado.

Para el domingo y el lunes, el pronóstico de tres días contempló niveles G1 y G2, equivalentes a tormentas menores y moderadas. La previsión incorporó la posible llegada de distintas eyecciones y la influencia de corrientes rápidas de viento solar. Esos valores describen el escenario esperado por los especialistas al emitir el boletín, mientras que el G3 del sábado corresponde a una medición ya registrada.

La diferencia entre observación y pronóstico resulta central para seguir el episodio. Los datos de los satélites permiten reconocer la llegada de nuevas perturbaciones, y los magnetómetros muestran cómo responde la Tierra. Las siguientes actualizaciones permitirán precisar si los encuentros previstos se concretan y con qué intensidad, sin extender automáticamente la advertencia fuerte del sábado a los días siguientes.