La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos firmaron este jueves un nuevo memorando para coordinar el desarrollo de energía y propulsión nuclear destinadas a la exploración espacial. El acuerdo comenzará a regir el 1 de noviembre y abarca desde la investigación y la producción de combustible hasta los ensayos, la integración para el lanzamiento y las operaciones de las misiones. La firma se realizó en Washington, durante un encuentro organizado por la oficina de política científica de la Casa Blanca.
El documento fue suscripto por el administrador de la NASA, Jared Isaacman, y el secretario de Energía, Chris Wright. La cooperación busca conectar capacidades que intervienen en etapas diferentes de un mismo sistema: desarrollar la tecnología, disponer de los materiales necesarios, verificar su funcionamiento y prepararla para operar fuera de la Tierra. El comunicado presenta la seguridad como un eje transversal de ese trabajo. La firma establece el marco de colaboración; no representa por sí misma la puesta en servicio de un reactor.
Uno de los objetivos que enmarcan el acuerdo es contar con un reactor para la superficie lunar listo para su lanzamiento en 2030. La NASA vincula esa meta con una orden ejecutiva emitida en diciembre de 2025. El alcance del plazo es importante: se refiere a la preparación para lanzar el equipo y no constituye una confirmación de que una instalación nuclear ya esté funcionando en la Luna o de que su despliegue haya finalizado.
La hoja de ruta también incluye Space Reactor-1 Freedom, cuyo lanzamiento está proyectado para 2028. La agencia lo presenta como un paso para llevar la propulsión nuclear desde la investigación de laboratorio a una aplicación operativa en el espacio profundo. A continuación ubica a Lunar Reactor-1, el sistema de fisión para la superficie que debería sostener parte de la futura infraestructura lunar. Ambos aparecen en el anuncio como programas en desarrollo y con objetivos futuros.
La razón para buscar otra fuente de energía está ligada a las condiciones de las misiones. La NASA pretende disponer de electricidad para operar hábitats, comunicaciones, instrumentos, vehículos y equipos de aprovechamiento de recursos durante períodos de oscuridad y en zonas de sombra. Esa continuidad es una de las capacidades que se intenta conseguir con la fisión. El organismo también señala que las futuras expediciones a Marte tendrán necesidades energéticas exigentes y requerirán tecnologías capaces de sostener operaciones prolongadas.
El memorando no se limita a los reactores. También fortalece la cooperación sobre sistemas de radioisótopos, utilizados para producir electricidad o mantener calientes los componentes de una nave. Esa tecnología ocupa un lugar en Dragonfly, la misión prevista para explorar Titán, una luna de Saturno. Su lanzamiento está programado no antes de julio de 2028 y la llegada se proyecta para fines de 2034, según la ficha oficial. El vehículo deberá desplazarse por diferentes lugares de esa luna para estudiar sus condiciones de habitabilidad.
Para Dragonfly, el plan incluye un generador termoeléctrico de radioisótopos y 24 pequeñas unidades calefactoras. Se trata de funciones complementarias: suministrar energía y proteger los equipos frente a las condiciones del entorno. La misión no llevará una tripulación y su objetivo científico es investigar el ambiente de Titán. La NASA presenta el uso de estos sistemas como una continuidad de su experiencia con fuentes nucleares en misiones robóticas.
La colaboración también contempla proporcionar otras 24 unidades calefactoras para el rover europeo Rosalind Franklin, que investigará Marte. En ese caso, el aporte busca mantener la temperatura de los instrumentos en el frío marciano. Con esos proyectos y las iniciativas de fisión, las dos agencias organizarán una cooperación que reúne exploración robótica, futura infraestructura lunar y desarrollo de propulsión. El paso inmediato confirmado es la entrada en vigor del nuevo acuerdo el 1 de noviembre.




