La NASA informó este miércoles que su instrumento experimental CASALS logró producir mapas tridimensionales detallados de la superficie terrestre durante pruebas aéreas y que prepara una nueva campaña para 2027. El desarrollo apunta a resolver una limitación de los sensores láser orbitales: los espacios que quedan sin medir entre sus recorridos. Por ahora, se trata de un prototipo ensayado desde un avión, no de un equipo que ya esté funcionando en un satélite.
El avance fue presentado por el equipo científico de la agencia estadounidense el 21 de octubre. El trabajo pertenece al Centro de Vuelo Espacial Goddard y cuenta con apoyo de la Oficina de Tecnología de Ciencias de la Tierra. Su objetivo es pasar de perfiles separados del terreno a franjas continuas de información sobre el relieve y la estructura de los bosques.
La diferencia importa porque una medición muy precisa sobre una línea no describe necesariamente todo lo que existe a sus costados. Los instrumentos lidar emiten pulsos de luz y registran su retorno para calcular distancias. Repetir esas mediciones permite reconstruir alturas y formas, pero la cobertura depende de cómo se distribuyen los pulsos sobre la superficie observada.
CASALS modifica precisamente esa distribución. En lugar de orientar el láser mediante espejos motorizados, utiliza cambios en la longitud de onda de la luz. Un láser ajustable, centrado en los 1.040 nanómetros, recorre 256 longitudes de onda distintas. Luego, una pieza óptica con un patrón microscópico de surcos desvía cada pulso hacia una posición diferente a lo ancho de la trayectoria del avión.
Así, el movimiento lateral del barrido se obtiene mediante las propiedades de la luz y no mediante el desplazamiento mecánico de un espejo. Según la NASA, retirar esos componentes móviles permite reducir las necesidades de tamaño, peso y energía del instrumento. Son condiciones especialmente relevantes para una eventual versión espacial, aunque todavía deben completarse etapas de desarrollo antes de llegar a ese punto.
El sistema también incorpora un conjunto de detectores con una eficiencia cuántica del 80%. Ese valor expresa qué proporción de los fotones recibidos se convierte en señal eléctrica; no es una medida de la exactitud del mapa. Una mayor capacidad para aprovechar la luz que vuelve al sensor ayuda a registrar señales débiles, como las que pueden provenir de superficies oscuras o de zonas con vegetación densa.
La primera campaña aérea se realizó en noviembre de 2024, a bordo de un avión B200 King Air de la NASA. El equipo obtuvo datos de calidad científica desde esos primeros vuelos. La actualización difundida ahora describe una resolución horizontal de 22 centímetros desde una altura aproximada de cinco kilómetros, suficiente para distinguir ramas y variaciones pequeñas en el relieve.
John Yorks, investigador principal del proyecto en Goddard, destacó el desempeño del prototipo y el trabajo de los ingenieros. La agencia acompañó su informe con una visualización de datos obtenidos sobre el pantano Great Cypress, en Delaware, durante un vuelo del 12 de noviembre de 2024. Ese registro permite diferenciar la parte superior de los árboles, la vegetación cercana al suelo y el terreno.
El próximo paso previsto es volver a volar el instrumento dentro de la campaña ASCENT, programada para el verano boreal de 2027. Antes de construir una versión preparada para el espacio, el equipo busca ampliar el ancho de la franja relevada y sumar procesamiento de datos a bordo. La posibilidad de cartografiar bosques y terrenos desde la órbita con cobertura continua sigue siendo una meta del proyecto: la comunicación no anuncia una misión satelital operativa ni una fecha de lanzamiento.




