La NASA abrió una convocatoria para resolver un riesgo de las caminatas por el polo sur lunar: la electricidad estática que puede acumular un traje espacial y descargarse al regresar al vehículo. El Lunar Grounding Challenge comenzó el 5 de octubre y fue difundido por la agencia el martes 6 de octubre. Ofrece hasta 150.000 dólares en premios y recibirá las propuestas iniciales hasta el 15 de enero de 2027.
El problema combina la carga generada por el roce al caminar con la interacción del traje con las partículas cargadas del entorno. En las zonas oscuras, esa acumulación puede alcanzar un potencial negativo elevado. Al acercarse a un módulo iluminado por el Sol, la diferencia eléctrica puede producir una chispa. La NASA advierte que una descarga brusca podría deteriorar capas del traje, dañar su electrónica y poner en riesgo al astronauta y su entorno rico en oxígeno.
El contexto físico ayuda a entender por qué una solución terrestre no se traslada directamente a la Luna. El viento solar es una corriente de electrones, protones y otros iones que baña su superficie. A diferencia de la Tierra, la Luna carece de un campo magnético global y prácticamente no tiene atmósfera. Gran parte de su terreno queda expuesto a esas partículas y a otras formas de radiación espacial.
La explicación científica de la agencia agrega una diferencia relevante entre las zonas iluminadas y las sombras profundas. Durante las misiones Apollo, el viento solar y las corrientes originadas por la radiación ultravioleta ayudaban a evacuar la carga acumulada en los equipos. En lugares que quedan fuera del alcance de la luz y del viento solar, esa vía de descarga se vuelve menos accesible. Allí hacen falta otras formas de controlar la energía acumulada antes de que provoque problemas.
Las condiciones publicadas por el organizador CrowdPlat fijan límites concretos: menos de 20 kilos de masa, hasta 40 vatios tomados del vehículo y capacidad para cuatro caminatas espaciales durante diez días. La descarga deberá completarse en un máximo de 30 segundos. En la conexión con el traje, la corriente no podrá superar un miliamperio; el objetivo de diseño es de 0,2 miliamperios o menos. Ningún arco eléctrico deberá alcanzar al traje o a su ocupante.
La convocatoria se suma a investigaciones previas sobre el comportamiento eléctrico del polvo lunar. En diciembre de 2023, un experimento desarrollado por la NASA y la Universidad de Florida Central viajó en un cohete suborbital New Shepard, de Blue Origin. El ensayo, llamado ERIE, estudió la generación de carga por fricción con partículas que simulaban el regolito. Pasó aproximadamente tres minutos en microgravedad dentro de un vuelo de unos diez minutos.
Durante esa prueba, los granos rozaron ocho materiales aislantes y un instrumento midió sus cargas positivas y negativas. La investigación busca comprender cómo se carga el polvo, cómo se mueve y dónde termina depositándose. Sus bordes abrasivos pueden rayar superficies y obstruir radiadores térmicos; su acumulación también puede afectar el funcionamiento de instrumentos. Ese antecedente muestra que la protección eléctrica debe convivir con otro problema operativo: evitar que las partículas se adhieran a trajes y equipos.
El concurso tendrá dos etapas. En la primera se presentarán conceptos de diseño y operación, sin obligación de fabricar ni ensayar físicamente un prototipo. Hasta cinco finalistas podrán pasar a la segunda instancia, en la que recibirán observaciones escritas sobre debilidades de sus propuestas. Los equipos deberán mejorar sus diseños y volverán a ser evaluados con los mismos criterios. La inscripción es gratuita y las bases establecen condiciones específicas de elegibilidad para competir por los premios.
Entre los entregables se piden representaciones técnicas, una lista de materiales, análisis del desempeño eléctrico y una evaluación de riesgos. El objetivo de esta etapa es seleccionar conceptos capaces de hacer segura la transición entre la caminata lunar y el contacto con el vehículo.




