El Fluid Science Laboratory de la Estación Espacial Internacional entró el 9 de octubre en su etapa final de retiro. La Agencia Espacial Europea informó que el equipo acumuló dieciocho experimentos y más de 42.000 horas de operación durante dieciocho años, frente a los diez de vida útil previstos inicialmente.

La actividad científica terminó en julio de 2026. Lo que comienza ahora es una etapa de preparación y desmantelamiento: durante los próximos meses, la tripulación deberá dejar el equipo en condiciones de ser retirado y trasladado a una nave de carga futura. La agencia prevé que su eliminación ocurra con la reentrada de ese vehículo. El espacio liberado permitirá incorporar nuevo instrumental, con la instalación europea de rayos X entre los equipos previstos para ocuparlo.

Para entender el alcance de ese cambio conviene mirar cómo estaba organizado el laboratorio. No fue un experimento único enviado al espacio para una sola prueba. La documentación técnica de la ESA lo describe como una instalación reutilizable, en la que los astronautas colocaban contenedores preparados para diferentes investigaciones. Antes de iniciar cada ensayo se realizaban las correspondientes tareas de calibración. Los contenedores tenían dimensiones estandarizadas de 40 por 27 por 28 centímetros, con espacio para la muestra, los controles y los componentes específicos de cada investigación. Su diseño admitía operaciones automáticas, semiautomáticas y procedimientos guiados paso a paso desde la estación o desde tierra.

Esa arquitectura permitía estudiar fenómenos difíciles de separar en condiciones terrestres. La convección, la sedimentación o las diferencias de densidad pueden dominar lo que sucede en una mezcla y ocultar otros procesos. En microgravedad, los investigadores disponían de un entorno distinto para observar el transporte de calor, el intercambio entre materiales y la estabilidad de emulsiones. La instalación se lanzó con Columbus el 7 de febrero de 2008 y fue utilizada por sucesivos equipos científicos.

Una de sus líneas más accesibles para explicar fue la investigación sobre espumas. La ESA describió en 2020 el experimento Foam-Coarsening, en el que muestras de líquido se agitaban dentro de celdas cerradas y se observaban mediante cámaras y sistemas ópticos. En la Tierra, la gravedad hace que el líquido entre las burbujas descienda. Al mismo tiempo, las burbujas pequeñas pueden reducirse y las grandes crecer. Esos cambios se combinan y terminan alterando o desarmando la espuma.

En órbita, la reducción del drenaje permite distinguir mejor los procesos más lentos, como el crecimiento y la ruptura de burbujas. La investigación buscaba entender ese comportamiento, con posibles aplicaciones en alimentos, productos de limpieza, cosméticos y materiales de construcción. Esas posibilidades son áreas de estudio y desarrollo: no equivalen a anunciar un producto comercial nuevo como resultado automático del cierre del laboratorio.

Otra línea fue CompGran, dedicada al comportamiento de materiales granulares. En su balance científico de 2019, la ESA explicó que ese experimento observaba partículas plásticas hasta que sus movimientos se detenían, sin la sedimentación rápida que aparece en la Tierra. La microgravedad permitía seguir la evolución de las muestras durante más tiempo. El estudio de materiales blandos y emulsiones también forma parte de una búsqueda más amplia sobre procesos útiles para la industria.

El recambio abre una nueva etapa para Columbus. Su infraestructura permitió repetir investigaciones con contenedores diferentes, en lugar de construir una instalación independiente para cada ensayo. Ese modo de trabajo conectó a tripulantes y equipos científicos en tierra a lo largo de sucesivas campañas de investigación.