La Comisión Nacional de Energía Atómica y el Organismo Internacional de Energía Atómica cerraron en Ezeiza una capacitación regional sobre preparación y control de calidad de radiofármacos de Actinio-225. El curso se desarrolló del 5 al 9 de octubre y reunió a profesionales latinoamericanos. La actividad apuntó a fortalecer capacidades de laboratorio para una tecnología que se investiga en tratamientos oncológicos dirigidos.
El programa incluyó espectrometría gamma, protección radiológica y prácticas de producción de compuestos marcados con ese radioisótopo. Participaron especialistas de Alemania y Países Bajos junto con equipos argentinos. La coordinación estuvo a cargo de Oscar Pozzi, responsable del Proyecto Alfa. El organismo también recordó que en 2025 logró su primera síntesis nacional de un radiofármaco de Actinio-225 y que dispone de laboratorios habilitados para trabajar con ese material.
El interés por el actinio se relaciona con la radiación que emite. Un documento técnico del OIEA explica que las partículas alfa entregan mucha energía en un recorrido corto. Cuando el radioisótopo se combina con una molécula que reconoce un blanco biológico, se busca llevar esa energía hacia determinadas células. Por eso, el desarrollo involucra tanto la sustancia radiactiva como el vehículo que la transporta y la estabilidad de esa unión.
La misma publicación advierte que los resultados promisorios necesitan más estudios controlados para comprender mejor su eficacia terapéutica. Entre los desafíos figuran la disponibilidad de radioisótopos, la formulación de los productos y la medición de la dosis. El manual plantea estándares de preparación, infraestructura, formación profesional, protección radiológica y manejo de residuos. Ese conjunto de exigencias ayuda a explicar por qué la capacitación de equipos es un paso necesario dentro de un proceso de investigación y desarrollo más amplio.
El control de calidad presenta, además, dificultades propias. Una investigación del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, publicada en mayo, señala que las impurezas metálicas no radiactivas pueden competir con el Actinio-225 durante el proceso de unión a la molécula transportadora. Esa competencia puede reducir la eficiencia de la preparación. En términos prácticos, conocer cuánto material radiactivo hay no reemplaza la evaluación de la composición de la solución y de los reactivos utilizados.
El trabajo europeo identifica factores que deben considerarse para obtener una calidad consistente: cómo se produjo el material inicial, cuánto tiempo pasó desde su preparación en forma líquida y qué pureza tienen los insumos. La elección de la fuente de actinio resulta así parte de la evaluación. Son problemas de laboratorio que requieren métodos de medición adecuados y protocolos reproducibles, justamente el terreno en el que se concentran las iniciativas de formación radiofarmacéutica.
El encuentro terminó con una visita al reactor multipropósito RA-10, cuya puesta en marcha está prevista para 2027. Según el anuncio nacional de septiembre, es un reactor de investigación y producción de 30 megavatios que utilizará neutrones para aplicaciones médicas, industriales y científicas. Su función no es generar electricidad. Entre los radioisótopos previstos se encuentran molibdeno-99, lutecio-177 e iridio-192, con usos diferentes en diagnóstico, tratamientos y otras actividades.
La Secretaría de Asuntos Nucleares precisó que la producción comercial requerirá también una planta asociada para procesar los materiales irradiados. Para desarrollarla anunció un esquema de participación privada, mientras el Estado conservará sus responsabilidades de regulación y seguridad. El calendario del reactor y esa infraestructura productiva son etapas todavía pendientes. La formación regional se incorpora a ese escenario como trabajo sobre capacidades profesionales, sin que su realización implique por sí sola la disponibilidad de nuevos tratamientos para la población.




