La Real Academia de Ciencias de Suecia otorgó este miércoles el Premio Nobel de Química 2026 a Henri B. Kagan y Kenso Soai por investigaciones que permitieron controlar cómo se forman moléculas que son imágenes especulares entre sí. El reconocimiento distingue el descubrimiento de efectos no lineales y de la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica, herramientas fundamentales para producir sustancias con una configuración determinada.

El premio será compartido por partes iguales y tiene una dotación total de 12 millones de coronas suecas. Kagan, nacido en 1930 en Boulogne-Billancourt, es profesor emérito de la entonces Universidad París-Sud, en Francia. Soai nació en Hiroshima en 1950 y es profesor emérito de la Universidad de Ciencias de Tokio. El anuncio corresponde a trabajos desarrollados durante décadas: no se trata de una investigación iniciada este año.

La cuestión puede imaginarse con las manos: una derecha y una izquierda son parecidas, pero no se superponen exactamente. Algunas moléculas presentan esa misma propiedad, denominada quiralidad. Sus dos formas especulares reciben el nombre de enantiómeros. Aunque compartan componentes, pueden interactuar de manera distinta con un sistema biológico, por lo que obtener una forma concreta resulta importante para distintas aplicaciones de la química.

La Academia explicó que Kagan cambió una idea aceptada sobre la relación entre un catalizador y el resultado de una reacción. Se suponía que la proporción de formas especulares utilizada en el catalizador se trasladaría de manera proporcional al producto. Sus experimentos de 1986 mostraron que, en determinadas condiciones, la reacción podía aumentar mucho más el predominio de una de esas formas. Ese comportamiento no lineal abrió una vía para comprender y mejorar procesos de síntesis asimétrica.

Soai avanzó sobre otro mecanismo: una reacción en la que el producto contribuye a favorecer su propia formación. Ese proceso se conoce como autocatálisis. En 1995 describió un sistema capaz de amplificar una pequeña diferencia inicial entre dos formas especulares. Las investigaciones posteriores permitieron obtener un predominio extremadamente alto de una de ellas, hasta un nivel cercano a la pureza de una sola forma en condiciones específicas de laboratorio.

El fundamento científico del Nobel introduce una distinción importante sobre estos experimentos. Demostrar que una asimetría molecular puede amplificarse en el laboratorio no prueba que ese mismo proceso haya originado la química de los seres vivos. La reacción de Soai es una demostración de principio y no reproduce las condiciones acuosas de los sistemas biológicos. El origen de la uniformidad de ciertas moléculas de la vida continúa siendo un problema abierto, con distintas explicaciones en estudio.

Las contribuciones premiadas también permiten investigar cómo funcionan los catalizadores. Analizar un comportamiento no lineal aporta pistas sobre las estructuras que intervienen y sobre las interacciones entre moléculas durante una transformación. Ese conocimiento puede servir para diseñar procesos más selectivos. La importancia del hallazgo excede, por ello, la obtención de una sustancia particular y alcanza herramientas de uso cotidiano para la investigación química.

Las trayectorias de los dos investigadores se desarrollaron en instituciones diferentes. Kagan obtuvo su doctorado en el Collège de France en 1960. Soai se doctoró en la Universidad de Tokio en 1979 y, después de una etapa de investigación en la Universidad de Carolina del Norte, se incorporó a la Universidad de Ciencias de Tokio en 1981. El reconocimiento reúne esas líneas de trabajo por su aporte a un problema común: entender cómo se genera, transmite y amplifica la orientación espacial de las moléculas.