Ensayos del INTA Marcos Juárez, en Córdoba, mostraron que los cultivos de cobertura pueden reducir la presencia de malezas en soja y complementar el control con herbicidas. Los resultados difundidos por el organismo el 15 de octubre incluyen una campaña en la que la soja sembrada sobre centeno superó los 5.000 kilos por hectárea con tratamiento preemergente. En una evaluación distinta, de seis años, la incorporación de coberturas redujo el uso acumulado de principios activos de herbicidas.
El trabajo se inscribe en una línea de investigación de 15 años y busca responder al avance de malezas resistentes en los cultivos de verano. El equipo estudió especies y mezclas sembradas antes de la soja, su terminación mediante rolado y la combinación con tratamientos químicos. La finalidad, explicó el investigador Tomás Baigorria, es disminuir la densidad, demorar la aparición y limitar el crecimiento de las malezas dentro de un manejo integrado.
En los ensayos se compararon cuatro mezclas de vicia villosa y centeno. Se mantuvo constante la cantidad de vicia y se modificó la del cereal, para observar cuánto podía competir con la leguminosa. También se evaluaron dos materiales de avena, dos de triticale, dos de cebada, un centeno y un tratamiento de referencia sin cultivo de cobertura.
La experiencia de la campaña 2024/25 permitió medir la cantidad de materia seca producida por cada alternativa. Todas las coberturas superaron los 5.000 kilos por hectárea y varias se acercaron o pasaron los 10.000. La avena alcanzó el mayor valor, con 12.200 kilos de materia seca por hectárea. Estas cifras describen la biomasa de la cobertura, no el rendimiento de grano de soja.
La presión de malezas fue elevada en el tratamiento sin control: se registraron ocho plantas de yuyo colorado y 27 de rama negra por metro cuadrado. Bajo esa competencia, la soja produjo apenas 30 kilos por hectárea. El ensayo también incluyó una referencia mantenida libre de malezas para conocer el potencial del cultivo; allí fue necesario retirar manualmente plantas de rama negra que habían escapado al control previo.
Las respuestas variaron según la especie de cobertura. Sobre centeno, el agregado de preemergentes redujo la biomasa de yuyo colorado de 1.140 a 50 kilos de materia seca por hectárea, una disminución cercana al 96%. En avena, aun sin ese tratamiento adicional, la biomasa de malezas quedó en 79 kilos por hectárea. Por eso, el INTA señala que importa tanto la cantidad de cobertura como su composición y las malezas presentes.
En el rendimiento de soja, el centeno acompañado por preemergentes superó los 5.000 kilos por hectárea, mientras que la avena quedó cerca de ese nivel y varios tratamientos pasaron los 4.000. Son resultados de las condiciones evaluadas en Marcos Juárez; el informe no los presenta como una garantía para cualquier lote o región.
El estudio de largo plazo aporta otra escala de análisis. Durante seis años de una rotación soja/maíz, el uso acumulado de principios activos pasó de 31 kilos por hectárea sin coberturas a 13 kilos con ellas. La comparación corresponde a la cantidad acumulada de principios activos, no al número de aplicaciones ni a una disminución equivalente de costos.
La cobertura también consume agua. En los ensayos hubo diferencias de 40 a 60 milímetros frente al barbecho al momento del secado, aunque las lluvias posteriores recuperaron buena parte de esa brecha. El INTA advierte que una biomasa excesiva puede complicar la siembra siguiente. La fecha de terminación debe definirse según el agua del suelo, la cobertura lograda y las posibilidades de recarga: el resultado depende del ambiente y del manejo, sin una receta única.




