El módulo lunar Griffin-1, de Voyager Technologies, completó una campaña de pruebas ambientales en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en California, informó la institución este martes 13 de octubre. La nave regresó a Pittsburgh para el ensamblaje final y después deberá pasar por las operaciones de preparación del lanzamiento. El despegue con un cohete Falcon Heavy continúa previsto para fines de 2026, con destino a la región del polo sur lunar.

Los ensayos comenzaron en julio y reprodujeron vibraciones, ruido, vacío y temperaturas extremas. Durante unas dos semanas, la nave pasó por ciclos entre aproximadamente 75 grados y 100 grados bajo cero en una cámara térmica. También se comprobaron interferencias entre sus equipos electrónicos y su distribución de masa. Superar esta etapa aporta evidencia sobre la resistencia del vehículo, pero todavía quedan pasos antes de enviarlo a Cabo Cañaveral.

La misión transportará diez investigaciones y demostraciones tecnológicas de seis países. Entre sus cargas estará FLIP, el vehículo de Astrolab que deberá desplazarse sobre la superficie. El plan incluye llegar al entorno del cráter Nobile; la comunicación de hoy no fija un día de lanzamiento.

FLIP funciona como una plataforma para llevar instrumentos pequeños y probar movilidad autónoma. Astrolab anunció en mayo que transportará equipos de varios centros de la NASA. Uno es una cámara multicolor y radiómetro del centro Ames, desarrollados junto con Interlune, para contribuir a la evaluación de recursos del suelo lunar. Otro es un conjunto de reflectores de Goddard que permitirá seguir la posición del vehículo mediante señales láser enviadas desde la órbita.

Ese reflector no necesita energía ni mantenimiento. La empresa explica que permanecerá como referencia de posición una vez terminada la misión del rover. A bordo también habrá un sensor del centro Johnson para estudiar la acumulación de polvo y su efecto sobre superficies, y una demostración de un sistema de medición láser de Marshall para producir mapas tridimensionales útiles en navegación y detección de obstáculos.

El polvo es un problema práctico para una operación prolongada. Puede depositarse sobre paneles solares y superficies que regulan la temperatura, con consecuencias para la energía disponible y el funcionamiento de los equipos. Medir cuánto se acumula y cómo afecta a los componentes ayudará a contrastar modelos y evaluar medidas de protección para futuros vehículos e instalaciones.

La compañía desarrolla FLIP como una etapa de aprendizaje para su rover mayor, FLEX. Ambos comparten sistemas de comunicaciones, sensores, software y componentes electrónicos, además de ruedas y baterías de tamaño completo. La información obtenida en condiciones lunares podrá compararse con los ensayos en la Tierra. Es una validación prevista: esos resultados todavía no existen porque el vehículo aún no llegó a su destino.

El traslado forma parte de Commercial Lunar Payload Services, la iniciativa con la que la NASA contrata empresas estadounidenses para llevar experimentos y tecnología a la Luna. Los encargos abarcan integración de cargas, operaciones, lanzamiento y llegada a la superficie. Ese esquema permite combinar instrumentos públicos con otros clientes, mientras cada proveedor desarrolla sus capacidades de transporte.

La agencia reconoce que el modelo comercial supone riesgos y que pueden producirse fallas. Por eso, el cierre de una campaña de ensayos no equivale a garantizar un alunizaje. En esta misión, el próximo avance comprobable será completar la preparación terrestre y definir las operaciones de despegue; las pruebas de navegación, instrumentos y movilidad sobre el suelo lunar vendrán después.