El Senasa, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca participaron de una jornada técnica sobre el uso de la irradiación como tratamiento fitosanitario de productos vegetales. El encuentro se realizó en el Centro Atómico Ezeiza, según informó el Senasa el martes 6 de octubre, y combinó capacitación, intercambio entre especialistas y una visita a las instalaciones donde se aplica esa tecnología.
La actividad abordó los fundamentos biológicos del tratamiento, su capacidad para controlar plagas y las condiciones tecnológicas, operativas y normativas necesarias para utilizarlo. Los participantes recorrieron la Planta de Irradiación Semi Industrial (PISI) de la CNEA y observaron un ensayo de estudio dosimétrico en frutas. También analizaron los estándares de inocuidad asociados y el funcionamiento de este tipo de instalaciones.
El interés fitosanitario está vinculado con las exigencias del comercio internacional. El Senasa explicó que la irradiación puede funcionar como tratamiento cuarentenario para productos vegetales cuando los protocolos del país comprador contemplan esa alternativa. Durante la jornada se revisaron sus posibilidades para cumplir requisitos de exportación y se destacó la cooperación con organismos especializados, entre ellos el Organismo Internacional de Energía Atómica, para fortalecer las capacidades técnicas.
La planta de Ezeiza utiliza fuentes de cobalto-60 y ofrece servicios de irradiación gamma para distintos sectores productivos, sanitarios y científicos. La descripción técnica de la CNEA señala que el procedimiento consiste en exponer los productos de manera controlada durante el tiempo necesario para alcanzar una dosis previamente establecida. El objetivo y las características de cada material determinan cómo se prepara el tratamiento.
Entre las aplicaciones que la CNEA enumera se encuentran la reducción de microorganismos, el control de insectos y la extensión de la vida comercial de determinados productos. El servicio también alcanza a insumos médicos, materiales de laboratorio, cosméticos y bienes culturales. Esa variedad de usos explica la importancia de definir el propósito de cada intervención: los parámetros se ajustan al producto y al resultado buscado, dentro de un proceso documentado.
La determinación de la dosis requiere establecer un límite mínimo para conseguir el efecto esperado y un máximo que el producto pueda tolerar conservando su funcionalidad. La CNEA detalla que la evaluación puede incluir también el envase. Según el material y la necesidad del solicitante, se seleccionan ensayos de resistencia mecánica, hermeticidad, color o envejecimiento. Esos estudios aportan información para fijar condiciones de trabajo antes de avanzar hacia el tratamiento regular.
Una etapa complementaria es la calificación o validación del proceso. Su finalidad es reunir evidencia de que el tratamiento resulta efectivo y puede repetirse manteniendo las especificaciones de calidad. Para realizarla, el organismo pide un informe técnico del producto y datos sobre su ubicación y orientación en el embalaje, la cantidad de unidades por envase y el volumen estimado de cajas. La disposición física de la carga, por tanto, integra la evaluación técnica.
Una vez definidos el producto, el proceso y el rango aceptable, se ajusta la dosis nominal al requerimiento de la aplicación. La documentación de la PISI indica que los nuevos desarrollos deben validar su proceso y que los interesados pueden comenzar con una entrevista técnica para establecer el alcance del servicio. El tratamiento puede realizarse en el envase final, una posibilidad que el organismo vincula con la reducción del riesgo de recontaminación.
Para la producción vegetal, la jornada de Ezeiza puso en contacto ese conocimiento técnico con los requisitos sanitarios que intervienen en las operaciones comerciales. El ensayo observado permitió acercar a los participantes a la aplicación y evaluación de la tecnología sobre frutas. Su utilización como herramienta cuarentenaria requiere articular las condiciones comprobadas del proceso con las exigencias y los protocolos aceptados por cada destino de exportación.




