El telescopio espacial Nancy Grace Roman completó una nueva etapa de calibración y consiguió una precisión óptica mejor que la prevista por su equipo. La NASA informó el 14 de octubre que, después de ajustar el enfoque, el Instrumento de Campo Amplio quedó con un error de 63 nanómetros, frente a los aproximadamente 90 nanómetros establecidos como requisito de calidad. El resultado corresponde a la preparación del observatorio para sus futuras investigaciones, no al anuncio de un descubrimiento astronómico.
Roman fue lanzado el 30 de agosto y atraviesa la puesta a punto de sus sistemas en el espacio. Su instrumento principal, conocido por la sigla inglesa WFI, permitirá observar grandes regiones del cielo y será central para estudiar la materia oscura, la energía oscura y otros objetos del universo. La agencia explicó que las comprobaciones recientes abarcaron tanto los componentes de esa cámara como la alineación de los elementos ópticos del telescopio.
Los trabajos comenzaron después de la activación del WFI en septiembre. Los especialistas revisaron sus 18 detectores y los circuitos electrónicos asociados; luego probaron la rueda que contiene filtros y otros elementos para seleccionar distintas longitudes de onda o separar la luz en sus componentes. Cada parte cumple una función en el registro de las observaciones, por lo que la revisión incluyó ensayos individuales y de funcionamiento conjunto.
Otro paso consistió en encender las luces internas del sistema de calibración. Esas fuentes, cuyo brillo puede regularse desde la Tierra, permiten medir cómo responde cada detector a distintos niveles de iluminación y corregir diferencias de sensibilidad. También se verificó el mecanismo de alineación, que fue desplazado desde la posición utilizada durante el lanzamiento hasta el punto previsto para obtener el mejor enfoque. El control térmico completó esa serie de pruebas para mantener las distintas piezas a sus temperaturas de trabajo.
En paralelo, otro grupo ajustó los espejos y el resto del recorrido óptico. Matthew Bolcar, responsable de los sistemas ópticos de Roman en el Centro Goddard, explicó en el informe que los ensayos y modelos realizados antes del lanzamiento habían dejado al equipo muy cerca de la configuración deseada. Aun así, en tierra no era posible reproducir exactamente todas las condiciones que el observatorio encontraría en órbita, entre ellas la ausencia de gravedad y las variaciones de temperatura y humedad.
Por eso, los movimientos necesarios fueron mínimos. Alden Jurling, ingeniero óptico del proyecto, indicó que el espejo secundario se desplazó una distancia equivalente a cerca de una dieciseisava parte del diámetro de un cabello humano. Ese ajuste modificó su altura respecto del espejo principal. Aunque la corrección fue diminuta, su efecto se refleja en la manera en que el telescopio concentra la luz y la entrega a sus dos instrumentos.
El primero en recibir una corrección de enfoque fue el coronógrafo, diseñado para bloquear la luz intensa de una estrella y permitir la observación de su entorno. Sus imágenes iniciales estaban levemente desenfocadas, menos de lo que el equipo había anticipado. Después de corregirlas, los especialistas pasaron al WFI. La medida de 63 nanómetros expresa el error óptico mediante el indicador RMS: cuanto menor es ese desvío, más próximo queda el sistema al desempeño ideal considerado en la evaluación.
La NASA señaló que el resultado del WFI mejora en casi un 30% la referencia prevista. No se trata de un aumento de la cantidad de galaxias ya descubiertas, sino de una evaluación de la calidad de las futuras imágenes. La preparación continuará: el equipo del coronógrafo deberá calibrar sus cámaras y definir los ajustes de sus espejos deformables antes de ensayar su capacidad para bloquear luz estelar durante las próximas semanas.




