El INTA utiliza análisis de ADN para verificar a qué cultivar pertenece un árbol de pecán y reducir errores al elegir los materiales de una plantación. La metodología, difundida este miércoles 21 de octubre, combina perfiles genéticos con observaciones de las plantas y de sus nueces. Su aplicación busca asegurar que los árboles correspondan a la variedad declarada, un dato decisivo para planificar la polinización y aprovechar las evaluaciones realizadas en distintas regiones del país.

El procedimiento comienza con muestras de hojas. A partir de ellas se extrae ADN y se analizan marcadores microsatélites, pequeñas secuencias repetidas que permiten diferenciar materiales. El perfil obtenido se compara con la información disponible sobre los cultivares. El organismo informó que las metodologías de laboratorio están disponibles cuando existen dudas sobre la identidad de individuos de variedades inscriptas por el INTA en el Registro Nacional de Cultivares del INASE.

La verificación no termina en el laboratorio. El trabajo incorpora registros sobre brotación, floración, liberación de polen, receptividad de las flores femeninas, cambio de color y caída de las hojas. También contempla las características de las nueces. Esa combinación permite vincular la identidad genética con el comportamiento observado en los árboles, en lugar de depender solamente del nombre con el que fueron identificados.

La importancia productiva se entiende al mirar cómo se forman los frutos. Una guía técnica del INTA sobre el manejo del nogal pecán explica que las flores masculinas y femeninas conviven en un mismo árbol, pero sus etapas reproductivas no siempre coinciden. Por eso, el diseño de una plantación requiere combinar variedades que se complementen: el polen debe estar disponible cuando las flores femeninas puedan recibirlo.

La clasificación distingue materiales de tipo I, que liberan polen antes de la receptividad femenina, y de tipo II, con la secuencia inversa. La guía advierte, además, que no existe una división absoluta entre árboles productores y polinizadores: todos los cultivares cumplen ambas funciones. Una identificación equivocada puede alterar esa combinación y debilitar el diseño del monte, aunque la plantación haya sido planificada con variedades compatibles sobre el papel.

El desarrollo reúne al Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular, al Instituto de Recursos Biológicos y a la Estación Experimental Agropecuaria Delta del Paraná. Esta última conserva materiales introducidos formalmente y dos cultivares desarrollados por el INTA. La colección integra un programa continuo de incorporación, multiplicación, evaluación y conservación, acompañado por ensayos en distintas regiones argentinas.

El organismo informó que cuenta con 20 cultivares inscriptos en el INASE y trabaja en la descripción y caracterización de otros 14 para presentarlos al Registro Nacional de Cultivares. Entre esos materiales se encuentran Caddo, Colby, Curtis, Elliott, Giles, Green River, Hirschi, Hodge, Kanza, Lucas, Major, Nacono, Osage y Riverside. Estar en caracterización no equivale a tener una inscripción ya aprobada.

La nueva información se distingue de la investigación sobre requerimientos térmicos que el INTA difundió el 8 de octubre: aquella estudia la adaptación a los ambientes; esta comprueba la identidad de las plantas. Son preguntas complementarias. Conocer el nombre correcto del cultivar permite usar los registros de campo que le corresponden, pero no garantiza por sí solo un rendimiento ni reemplaza el análisis del suelo y del agua disponibles.

Los avances serán presentados en el IV Simposio Sudamericano de Pecán y la Convención Anual de CAPPECÁN, previstos del 28 al 30 de octubre en Tucumán y Catamarca. El encuentro reunirá investigación y producción, con organización del INTA y participación de Embrapa, de Brasil, e INIA, de Uruguay. La conferencia sobre identificación de cultivares estará a cargo de Carolina Martínez.