El INTA Marcos Juárez difundió este 16 de octubre una evaluación sanitaria del girasol en el sudeste de Córdoba, con foco en las enfermedades que podrían ganar presencia bajo condiciones de mayor humedad asociadas a un año Niño. El análisis combina una perspectiva para el cultivo con resultados de ensayos de la campaña 2025/26 en Inriville y Noetinger. No informa un brote generalizado ni pérdidas actuales en toda la provincia.

El fitopatólogo Enrique Alberione ubicó a Sclerotinia entre los riesgos principales de un escenario húmedo. También señaló a Phomopsis, vinculada con el cancro del tallo, y a Septoria. La evolución de esas enfermedades dependerá de las condiciones efectivas de cada lote, del material sembrado y del momento del ciclo en que coincidan la humedad y la presencia del patógeno.

El trabajo adquiere relevancia por la expansión reciente de la superficie girasolera cordobesa. Según los datos reunidos por el organismo, en 2024/25 se cultivaron unas 115.000 hectáreas, un 17% más que en la campaña anterior, y se obtuvieron alrededor de 272.000 toneladas. Para 2025/26, el área llegó a unas 240.000 hectáreas. Son antecedentes productivos de esas campañas, no una estimación de cosecha para 2026/27.

La evaluación se realizó dentro de una red de ensayos que comenzó en 2024/25, con participación de equipos de Noetinger, Arias y Corral de Bustos. El primer relevamiento sanitario de esa red permitió comparar respuestas de distintos híbridos en dos ambientes. Los investigadores advierten que hace falta continuar durante otros ciclos para conocer cuánto de lo observado se mantiene ante condiciones diferentes.

Alternaria fue la enfermedad más extendida en ambos sitios. En Inriville apareció en todos los híbridos, con una incidencia que varió entre el 10% y el 95%, aunque la severidad no superó el 10%. La distinción es importante: la incidencia expresa cuántas plantas presentan la enfermedad, mientras la severidad describe la magnitud del daño observado. Una frecuencia alta no implica por sí misma una pérdida equivalente de rendimiento.

La roya negra también estuvo presente en todos los materiales evaluados en Inriville. Allí alcanzó incidencias de entre el 80% y el 100%, con severidad inferior al 10%. En Noetinger su presencia fue menor. Alternaria, en cambio, volvió a encontrarse en todos los híbridos de esa localidad, pero con niveles de severidad generalmente por debajo del 5%.

El relevamiento detectó además escudo negro, causado por Phoma, con amplia presencia y baja severidad. En Noetinger, el cancro del tallo se observó de manera limitada en un material, mientras que las afecciones en capítulos se registraron en cuatro híbridos con una severidad del 1%. No se detectaron mildiu ni verticilosis en los ambientes estudiados; ese resultado no permite descartar su existencia fuera de esos ensayos.

La secuencia del tiempo ayudó a explicar las diferencias. Durante diciembre y enero, las condiciones más secas limitaron el desarrollo de algunos patógenos. El aumento de humedad en febrero y marzo favoreció su avance. Por eso, la observación del cultivo debe considerar tanto los antecedentes del lote como la etapa de crecimiento y las condiciones que efectivamente se presentan.

El informe concentra la atención en etapas vegetativas avanzadas y reproductivas, incluida la floración y el llenado de granos. También recuerda que los restos de cultivo y las semillas pueden intervenir como fuentes de inóculo. La próxima etapa de la red será ampliar la evidencia entre campañas: el objetivo es distinguir respuestas consistentes de resultados que pudieron depender de un ambiente particular.