El manejo alimentario de una vaca durante la preñez puede influir en el crecimiento de su cría mucho después del nacimiento. El INTA Cuenca del Salado difundió este lunes 26 de octubre resultados y antecedentes sobre programación fetal, un enfoque que relaciona las condiciones de la gestación con el desempeño posterior de los terneros. El trabajo amplía una mirada que tradicionalmente se concentraba en la capacidad reproductiva de las madres.
Entre las experiencias descriptas figuran ensayos de la Chacra Experimental Manantiales, en Chascomús. Allí se compararon animales con distinta alimentación: las vacas que recibieron el 50% de sus requerimientos nutricionales tuvieron crías con alrededor de dos kilos menos al nacer. Durante la lactancia también se observaron menores aumentos de peso y, al momento del destete, la diferencia fue de aproximadamente diez kilos frente a las crías de madres correctamente alimentadas.
Esas cifras corresponden a las condiciones de los ensayos mencionados. No representan un resultado idéntico para todos los campos ni una estimación de pérdidas económicas por establecimiento. La comunicación del instituto tampoco precisa cuándo se desarrolló cada experiencia, por lo que la novedad de este lunes es la difusión del informe, no la realización de todos los trabajos durante esta jornada.
Sebastián Maresca, especialista de la estación experimental, explicó que las restricciones nutricionales de los rodeos argentinos suelen coincidir con el invierno. En ese período puede disminuir tanto la cantidad de forraje disponible como su calidad. La situación interesa especialmente porque, en muchos sistemas de cría, esa etapa coincide con la segunda mitad de la gestación.
El informe también reúne estudios sobre suplementación proteica en el último tercio de la preñez. En esas experiencias, el aporte adicional no modificó el peso de los terneros al nacimiento, pero sí favoreció su crecimiento posterior: las diferencias al destete fueron de entre siete y nueve kilos respecto de las crías de vacas no suplementadas. Se trata de otro conjunto de resultados, que no debe confundirse con la comparación de alimentación restringida de Manantiales.
Los investigadores vinculan esos efectos con procesos que comienzan antes del parto. Durante la gestación se forma gran parte de las fibras musculares y empieza el desarrollo de las células grasas. Por eso, las carencias de nutrientes pueden afectar la masa muscular y la calidad de carne que alcance el animal posteriormente. El acceso a mejores pasturas y la suplementación se han asociado con mejoras en rendimiento y terneza.
En las futuras vaquillonas también se estudian consecuencias reproductivas. La formación de sus órganos reproductores se concentra principalmente en el primer tercio de la gestación; una restricción en esa etapa puede reducir la reserva folicular. Otros trabajos relacionan la suplementación de las madres en el último tramo de la preñez con mayores pesos de sus hijas al destete y al inicio del servicio.
La investigación incluye además el calostro, el desarrollo intestinal y la absorción de anticuerpos. El INTA señala que una nutrición materna deficiente puede aumentar la vulnerabilidad de las crías frente a enfermedades y al frío, en particular en determinados escenarios de primer parto. No propone una ración única ni reemplaza el seguimiento profesional de cada rodeo.
El instituto advierte que todavía quedan preguntas sobre los mecanismos biológicos y su impacto económico. El aporte del enfoque es incorporar el desarrollo de la siguiente generación a las decisiones de manejo, sin limitar la evaluación a la condición de la vaca o al peso registrado inmediatamente después del nacimiento.




