El INTA Rafaela puso en marcha una experiencia para evaluar cómo los tambos pueden sumar producción de carne mediante cruzamientos planificados, sin abandonar su actividad lechera. El organismo informó este martes 6 de octubre que, a partir de las inseminaciones realizadas durante 2026 en su establecimiento experimental de Santa Fe, espera obtener las primeras 30 crías de esos cruzamientos en marzo de 2027. El trabajo buscará generar información local sobre alimentación, eficiencia productiva y calidad de la carne.
La propuesta se conoce como beef on dairy: consiste en utilizar genética de razas carniceras sobre una parte de las vacas del rodeo lechero. En la experiencia descripta por el instituto, el cruzamiento se plantea principalmente con Aberdeen Angus. El objetivo es mejorar la aptitud para producir carne de los animales que no se necesitan para sostener la reposición del tambo, en lugar de considerar a todos sus excedentes como un producto secundario de menor valor.
La decisión comienza antes de elegir el semen. Cada establecimiento debe determinar cuántas vaquillonas necesita para reemplazar las vacas que salen de producción y para acompañar un eventual crecimiento del rodeo. Recién después puede calcular qué proporción de los vientres destinará al cruzamiento carnicero. Esa secuencia permite separar dos objetivos reproductivos dentro del mismo sistema: conservar hembras adecuadas para la producción de leche y obtener animales orientados a carne con el resto de las vacas seleccionadas.
Según explicó Nicolás Welschen, médico veterinario del INTA Rafaela, la mejora de los indicadores de crianza y recría abrió esa posibilidad en los tambos de la experimental. Allí, la mortalidad anualizada de hembras se ubica por debajo del 1%. A ese resultado se suman la eficiencia reproductiva y el uso de semen sexado en determinadas categorías. El dato describe la situación de esos establecimientos del INTA y no debe extrapolarse como si fuera un promedio de toda la lechería argentina.
Dentro del esquema, el semen sexado se reserva para las vacas que reúnen mejores condiciones productivas, sanitarias y reproductivas. Los demás vientres elegidos para el programa reciben genética carnicera. El propósito es ordenar la composición futura del rodeo y mejorar el destino comercial de los excedentes. Welschen vinculó el interés por esta alternativa con una menor demanda de vaquillonas y una mayor tracción del negocio de la carne, una evaluación del contexto comercial que no equivale a una rentabilidad ya demostrada por el ensayo.
El seguimiento previsto tendrá tres ejes concretos: cuánto alimento consumen los animales, con qué eficiencia lo transforman en producción y qué calidad presenta la canal. Para el investigador, la escasez de información argentina sobre este sistema vuelve especialmente importante contar con registros obtenidos bajo condiciones locales. Las primeras crías todavía son una previsión para marzo; el anuncio no presenta resultados de engorde, porcentajes de mejora de la carne ni un balance económico definitivo de esos animales.
El trabajo tampoco supone que el productor deba transformar estructuralmente su tambo cada vez que cambia la relación entre los mercados. El planteo del INTA destaca la posibilidad de modificar el destino reproductivo de las vacas según las necesidades de reposición y las condiciones del negocio. Esa flexibilidad depende, sin embargo, de conocer la dinámica del establecimiento: producir menos reemplazos de los necesarios comprometería el objetivo de sostener el rodeo lechero que la propia estrategia busca preservar.
La línea de investigación ya había sido presentada por Welschen en entrevistas difundidas en agosto. La comunicación de este martes precisa ahora la escala inicial esperada y el calendario de nacimientos. Con las primeras 30 crías, la experimental podrá avanzar en la generación de datos que ayuden a decidir en qué condiciones el cruzamiento agrega valor y cómo integrarlo a la planificación de un tambo.




