El INTA difundió el 9 de octubre un nuevo Radar Ganadero de la Patagonia, con información de septiembre sobre pastizales, precipitaciones y estado de los animales. El relevamiento muestra un escenario desigual al comienzo de la primavera: la evolución de la vegetación y del ganado cambia entre zonas, por lo que el balance regional requiere distinguir las condiciones de cada ambiente productivo.
Las áreas con vegetación por debajo del promedio histórico aumentaron en el sudoeste de Río Negro, el oeste y sur de Chubut y el centro y oeste de Santa Cruz. También se redujo la superficie con crecimiento superior al promedio en sectores que venían mostrando mejores valores, especialmente en la costa y el sur santacruceños.
Las lluvias estuvieron por encima de los registros habituales en gran parte de la región, con excepciones en el centro-sur de Santa Cruz, Tierra del Fuego y Malvinas. Para octubre, el documento prevé precipitaciones superiores a lo normal en Neuquén, Río Negro y el este de Chubut, e inferiores en el extremo sur continental y fueguino.
El ganado mejoró su condición en Cushamen y en el monte austral rionegrino y chubutense respecto de julio. En el resto predominan estados entre buenos y regulares. El informe vincula las diferencias entre establecimientos con prácticas de manejo, entre ellas la suplementación durante el preparto y frente al frío.
El sistema reúne aportes de cien establecimientos y veinticinco Agencias de Extensión Rural. Los centros regionales Patagonia Norte y Patagonia Sur integran ese trabajo dentro del proyecto de ganadería sostenible. Los mapas combinan el seguimiento de recursos naturales con observaciones del ganado, para ofrecer referencias a productores, extensionistas y otros actores de la actividad. La condición animal se releva de manera bimestral, mientras que la herramienta organiza también la información de vegetación y meteorología.
El antecedente de julio, publicado en agosto, había registrado una expansión de las áreas con productividad vegetal superior al promedio y una mejora leve del ganado en algunos sectores. A la vez, advertía sobre los efectos de las nevadas y las bajas temperaturas en el oeste de Chubut y noroeste de Santa Cruz. La nueva edición permite seguir esa evolución sin reducir toda la Patagonia a una única tendencia.
Para leer los mapas resulta importante entender qué se compara. El índice de vegetación NDVI refleja si la productividad del pastizal se ubica por encima, por debajo o cerca de su promedio histórico. La serie utilizada comprende 2011–2026 y se apoya en el sensor satelital VIIRS. Las anomalías de precipitación, en cambio, toman como referencia 2001–2025, con información basada en datos de la CONAE. Los períodos de comparación corresponden a variables distintas.
La relación entre agua, temperatura y alimento también se investiga en el Campo Experimental Potrok Aike, en Santa Cruz. Allí, un ensayo iniciado en 2023 combina cámaras de calentamiento con diferentes aportes de agua. Según resultados divulgados por el INTA el 28 de septiembre, la mayor temperatura puede favorecer la biomasa cuando hay agua suficiente, pero agrava la pérdida de producción y calidad del forraje bajo sequía.
Ese trabajo experimental ayuda a dimensionar por qué el monitoreo de los pastizales es relevante para la ganadería ovina extensiva: la alimentación depende de la cantidad y del valor nutritivo del recurso disponible. En Potrok Aike se simulan escenarios climáticos futuros, mientras que el Radar describe las condiciones observadas en la región. Ambas líneas aportan información para ajustar el manejo, con escalas y objetivos diferentes.




