El INTA profundiza el estudio de las necesidades de frío y calor de las variedades de pecán para precisar qué materiales se adaptan mejor a cada ambiente argentino. En el Valle Inferior de Río Negro se evalúan 18 variedades con aproximadamente once años de registros, informó el organismo este jueves. El trabajo integra la tesis doctoral del investigador Gastón Fuente y utiliza observaciones de la Red de Pecán INTA.
La investigación compara el calendario de brotación, floración y maduración, además del crecimiento y la producción. Busca construir modelos que permitan anticipar respuestas a distintas condiciones ambientales. Fuente aclaró que los resultados todavía están en investigación y validación: no se trata de una recomendación varietal definitiva. El propósito es complementar el mapa agroclimático general del cultivo con información más precisa sobre cada material.
La adaptación es una cuestión central para una actividad que se extiende por ambientes muy diferentes. En un panorama sectorial difundido en marzo, el INTA describió plantaciones tradicionales en Entre Ríos y Buenos Aires y una expansión hacia otras provincias, entre ellas Catamarca y Tucumán. Allí, sus especialistas destacaron el papel de las plantas injertadas, el riego eficiente y la elección de materiales compatibles con las condiciones del lugar.
Ese informe recogió una estimación sectorial de 12.000 hectáreas implantadas en la Argentina y unas 3.000 toneladas de producción. También ubicó alrededor del 65% de las nueces en el mercado externo. Son referencias publicadas en marzo, no un balance nuevo de la cosecha de octubre. La cámara CAPPECÁN advirtió entonces que una parte importante de los montes todavía era joven y no había llegado a su plena capacidad productiva.
El crecimiento, por lo tanto, exige decisiones que van más allá de aumentar la superficie. Los técnicos y productores consultados por el organismo subrayaron la importancia del secado, la clasificación y la conservación para sostener la calidad exportable. Argentina comercializa en contraestación respecto del hemisferio norte, pero aprovechar esa condición depende también de la regularidad del producto y de la infraestructura de procesamiento y almacenamiento.
Un antecedente científico regional muestra por qué no conviene trasladar automáticamente una variedad exitosa de un lugar a otro. Investigadores del INIA de Uruguay publicaron en febrero una evaluación de 18 cultivares establecidos desde 2010 en Las Brujas, al sur de ese país. Analizaron nueve cosechas consecutivas, entre 2016 y 2024, junto con el vigor de los árboles, la fenología y la calidad de los frutos. Ese ensayo es independiente del trabajo argentino presentado ahora.
El estudio uruguayo encontró diferencias de rendimiento y períodos de cosecha que se extendieron de abril a junio según el cultivar. Entre los materiales de buen comportamiento productivo identificó a Oconee, Kiowa, Nacono y Success, combinados con Pawnee y Cape Fear para favorecer la polinización. Los autores relacionaron la respuesta con la genética, el manejo y las condiciones de suelo y clima. Sus resultados corresponden al ambiente evaluado y no constituyen una receta para plantaciones argentinas.
La experiencia de ambos países pone el foco en observar varias temporadas antes de transformar un ensayo en una recomendación. La información térmica, los calendarios reproductivos y la calidad del fruto permiten formular preguntas más específicas que la aptitud general de una región. En la Argentina, la ampliación de los registros por variedad busca ofrecer justamente ese nivel de detalle para una economía regional que necesita planificar inversiones y manejo a largo plazo.




