La evaluación del bienestar bovino sumó dos protocolos desarrollados por el INTA y el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, con criterios específicos para sistemas que no estaban cubiertos por la herramienta original destinada al engorde a corral. Uno reúne 36 mediciones para recría y el otro, 34 para terminación semiintensiva y extensiva.
El desarrollo, difundido este jueves 29 de octubre, amplía el alcance de Bienest.AR, presentado en 2021 para establecimientos de feedlot. La diferencia no consiste solamente en agregar indicadores: las nuevas herramientas adaptan la observación a condiciones de producción en las que cambian los espacios, los recursos disponibles y la relación de los animales con su entorno.
El propósito es obtener un diagnóstico que permita reconocer fortalezas y problemas de cada establecimiento, orientar cambios y comprobar su evolución mediante evaluaciones periódicas. Aunque el trabajo puede servir como base para una futura certificación, el anuncio no presenta un sello ya otorgado ni una nueva obligación general para los productores.
Los protocolos organizan la evaluación en cuatro principios: alimentación, alojamiento y manejo, salud y comportamiento. En recría, esos bloques contienen seis, diez, doce y ocho mediciones, respectivamente. En terminación semiintensiva y extensiva incluyen cinco, nueve, doce y ocho. La distribución permite identificar en qué área se concentra una dificultad, en lugar de reducir todo el diagnóstico a una impresión general del rodeo.
El acceso al agua es uno de los aspectos observados. Se consideran la distancia hasta las fuentes, su disponibilidad, limpieza y calidad. En los espacios de permanencia se revisan las condiciones de corrales, potreros y parcelas, junto con la higiene de los animales y los recursos que tienen para afrontar el calor o el frío.
La evaluación también alcanza las instalaciones de manejo. Incluye las zonas de carga y descarga, la capacidad de los corrales y la presencia de lesiones o signos de enfermedad. La observación de insectos y parásitos externos incorpora otro componente de salud que debe analizarse dentro de las condiciones concretas del establecimiento.
El comportamiento no queda fuera de la medición. Las herramientas contemplan las interacciones entre animales y personas, la conducta social y el manejo abusivo, además de una evaluación cualitativa de posturas y expresiones en su contexto. También consideran la complejidad del ambiente y el acceso a pasturas o forraje.
El proceso de desarrollo partió de 277 métodos candidatos. Después de la selección, el entrenamiento de evaluadores y los análisis de confiabilidad, el equipo realizó doce evaluaciones a campo en sistemas de recría y terminación. Esa etapa permitió ajustar tanto los protocolos como los registros empleados durante las visitas.
Las herramientas incluyen anexos para ordenar su aplicación: un cuestionario previo, la caracterización del sistema productivo, información meteorológica y registros de trabajo. El análisis de las condiciones de calor y frío ayuda a dimensionar los recursos necesarios. Las instrucciones están dirigidas a evaluadores con capacitación previa, por lo que la lista de mediciones no reemplaza esa preparación.
Leandro Langman coordina el proyecto INTA-IPCVA. La presentación técnica de los nuevos protocolos está prevista para el 17 de noviembre, de 12 a 13.30, durante Argentina Alimenta, en La Rural de Palermo. Participarán Sebastián Cunzolo, del Instituto de Tecnología de Alimentos del INTA, y representantes del IPCVA.




