Amalia, el modelo de pruebas del rover europeo Rosalind Franklin, completó más de veinte ensayos de salida desde una plataforma de aterrizaje en instalaciones de Turín, Italia. La Agencia Espacial Europea (ESA) informó el 12 de octubre que la campaña permitió comprobar esa maniobra con obstáculos, pendientes y una simulación de la gravedad de Marte, donde la misión prevé llegar en 2030.

Durante dos meses, los ingenieros hicieron bajar al vehículo por rampas en distintos escenarios. Una plataforma hidráulica inclinó el conjunto hasta 20 grados y se colocaron obstáculos bajo las salidas. Para reproducir la menor gravedad marciana, un dispositivo suspendido desde el techo sostuvo dos tercios del peso del modelo, de unos 300 kilos.

El módulo dispone de rampas hacia adelante y hacia atrás. Esa alternativa permitirá elegir el recorrido más seguro según la posición de aterrizaje. Las estructuras, de tres metros, fueron desarrolladas por la empresa polaca Astronika con aluminio y un dibujo tipo panal para mejorar el agarre.

Thales Alenia Space dirigió las pruebas en el centro ALTEC. Según la ESA, el desempeño permitió reunir experiencia operativa para una etapa crítica: pasar del módulo al suelo y comenzar a recorrerlo.

Ese primer desplazamiento tiene una particularidad: el equipo en la Tierra deberá decidir la dirección de salida después de estudiar el entorno del vehículo. La arquitectura de la misión contempla desplegar antes los paneles solares y el sistema de locomoción. Una vez sobre el terreno, el rover se alejará de la plataforma y buscará lugares de interés científico para observarlos y tomar muestras.

Amalia es una herramienta de trabajo en la Tierra, construida para reproducir las capacidades del vehículo que viajará. Su nombre homenajea a la ingeniera y profesora italiana Amalia Ercoli Finzi. En pruebas anteriores había demostrado la extracción de muestras a 1,7 metros de profundidad y el envío de datos al centro de operaciones de Turín. La ESA documentó esas capacidades en enero de 2022.

Rosalind Franklin está diseñado para investigar el subsuelo marciano con un taladro capaz de llegar a dos metros. A esa profundidad, las moléculas orgánicas pueden estar mejor protegidas de la radiación que en la superficie. La misión buscará posibles señales de vida pasada o presente y estudiará el contexto geológico de las muestras.

El vehículo llevará ocho instrumentos. Cámaras, espectrómetros y un radar ayudarán a seleccionar los puntos de perforación y a examinar los materiales. Su movilidad depende de seis ruedas que pueden dirigirse y accionarse de manera independiente, una característica útil para adaptar la posición del rover al terreno y avanzar por suelos difíciles.

El lanzamiento está previsto para fines de 2028. La NASA seleccionó al cohete Falcon Heavy de SpaceX para partir desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, y en abril autorizó el inicio de la etapa de implementación de su contribución a la misión. La llegada a Marte requerirá un viaje de aproximadamente dos años.

La participación estadounidense comprende el servicio de lanzamiento, motores para frenar el descenso de la plataforma, calentadores para proteger sistemas del rover y componentes del analizador de moléculas orgánicas MOMA. La ESA tiene a su cargo la nave, la plataforma de aterrizaje, el rover y las operaciones de superficie. El destino elegido es Oxia Planum, una región con antiguos depósitos vinculados con la presencia de agua, donde los ensayos de ingeniería realizados en la Tierra deberán convertirse en maniobras reales.