La NASA utilizará la reentrada de un carguero de la Estación Espacial Internacional para probar doce cápsulas experimentales con materiales y diseños de protección térmica. La nave Cygnus XL, de Northrop Grumman, dejó el complejo orbital el viernes 9 de octubre y lleva el experimento KREPE-3, preparado para registrar qué ocurre cuando sus pequeños vehículos atraviesan la atmósfera. La maniobra de salida de órbita está prevista para el lunes 12 de octubre, según el cronograma publicado por la agencia estadounidense.

El proyecto aprovecha una operación que ya forma parte del funcionamiento de la estación: la eliminación de residuos y equipos que dejaron de ser necesarios. Antes de la partida, la tripulación cargó esos materiales dentro del vehículo y activó las cápsulas. Durante la desintegración controlada del carguero, los dispositivos se separarán y tomarán mediciones de temperatura, presión, movimiento, campo magnético y luz. Los datos se transmitirán mediante enlaces satelitales para que los investigadores puedan evaluar el comportamiento de cada protección.

La salida de Cygnus se concretó a las 12.44 del este de Estados Unidos, equivalentes a las 13.44 de Argentina. El brazo robótico Canadarm2 liberó la nave después de su separación del puerto orientado hacia la Tierra del módulo Unity. En ese momento, la estación estaba sobre el océano Pacífico, a unos 418 kilómetros de altura. El vehículo había permanecido cerca de seis meses en el laboratorio orbital, al que había llevado alrededor de cinco toneladas de suministros, investigaciones científicas, equipos y otros elementos.

KREPE-3 es la tercera misión de una serie impulsada por la Universidad de Kentucky junto con el estado de Kentucky, el programa EPSCoR de la NASA y otros participantes públicos y privados. Su objetivo es reunir información de vuelo sobre tecnologías que todavía están en desarrollo. La experiencia no certificará por sí sola un escudo para transportar astronautas: permitirá observar cómo responden distintas soluciones en condiciones reales de reentrada y contrastar esos resultados con los modelos utilizados para diseñarlas.

Entre las propuestas que viajarán se encuentran materiales conocidos, como las baldosas cerámicas utilizadas en los transbordadores espaciales, y alternativas nuevas. Una cápsula incorpora un escudo fabricado mediante impresión tridimensional, desarrollado por el Centro Espacial Johnson y el Laboratorio Nacional Oak Ridge. Dos vehículos llevarán MERINO, una familia de revestimientos formada por capas de fibras de carbono y fenólicas entrelazadas de manera semejante a un fieltro. Según la NASA, esta estructura ofrece mayor flexibilidad y puede reducir tiempos y costos de producción frente a materiales tradicionales.

El Centro Ames también participa en una cápsula de doble cono que combina una punta de tungsteno con diferentes revestimientos térmicos. Esa geometría permitirá verificar simulaciones informáticas con las mediciones obtenidas durante el descenso. Otro dispositivo reproduce la forma del sistema de protección previsto para Dragonfly, la misión destinada a Titán, una de las lunas de Saturno. En ese caso, el ensayo se concentrará en la estabilidad dinámica de la configuración, recubierta con un material ablativo que ya tiene antecedentes en misiones planetarias.

La variedad de diseños incluye además una protección desplegable semejante a un paraguas. Al aumentar la superficie expuesta, esta tecnología busca frenar el descenso; su posibilidad de plegarse podría ayudar a transportar cargas cuyo sistema de entrada, una vez abierto, resulte mayor que el espacio disponible dentro del cohete. Otros instrumentos, entre ellos un sensor desarrollado por la Universidad de Stuttgart, en Alemania, estudiarán la transferencia de calor. El próximo paso será recuperar las transmisiones de las cápsulas y analizar qué aportan a futuras misiones lunares, marcianas y de exploración planetaria.