La Agencia Espacial Europea informó el 23 de octubre que Sophie Adenot participó en una nueva etapa de recolección de datos científicos durante sus primeras dos semanas de regreso a la Tierra. La astronauta forma parte de Exposome Signature, un estudio que compara a tripulantes espaciales con submarinistas de la Armada italiana para distinguir cómo afectan al organismo los distintos componentes de una misión prolongada.

La comparación tiene una razón concreta: ambos grupos atraviesan períodos de aislamiento, encierro y exigencia operativa, pero los submarinistas no están expuestos a la microgravedad ni a la radiación cósmica del mismo modo que quienes viven en órbita. Ese contraste permite investigar qué cambios podrían estar relacionados con el ambiente espacial y cuáles con condiciones compartidas.

El seguimiento no termina con el aterrizaje. Según la ESA, incluye sesiones durante los seis meses posteriores al regreso. Los investigadores buscan establecer qué respuestas del organismo se normalizan pronto y cuáles persisten. La comunicación difundida este viernes describe el trabajo en curso; no presenta resultados clínicos definitivos ni anuncia un tratamiento nuevo.

Qué se analiza

El proyecto reúne información obtenida antes, durante y después de las misiones. No nació con este regreso: ASAcampus ya presentó el trabajo en un encuentro científico de 2024. En esa oportunidad describió la evaluación de muestras de submarinistas italianos que participaron en operaciones de distinta duración, una base para comparar las respuestas del organismo según el tiempo de exposición.

Los análisis abarcan el metabolismo, la actividad hormonal, el equilibrio oxidativo y las respuestas inmunitarias e inflamatorias. También estudian las comunidades de microorganismos y virus asociadas al organismo. El propósito es relacionar esas dimensiones, en lugar de observar cada una como un fenómeno aislado.

Un resumen del equipo conservado en el repositorio de la Universidad de Milán explica que la comparación también considera condiciones como la luz artificial, las tareas de alta exigencia y los turnos que modifican la alternancia entre sueño y vigilia. Las tripulaciones submarinas, más numerosas que las espaciales, permiten ampliar la información disponible sobre aislamiento y encierro. Eso no convierte ambos ambientes en equivalentes: precisamente, el estudio necesita distinguir lo compartido de lo diferente.

Volver también exige adaptación

Adenot regresó a la Tierra el 8 de octubre, después de una misión de casi ocho meses en la Estación Espacial Internacional. Dos días más tarde llegó a Colonia, Alemania, para continuar las actividades posteriores al vuelo en el Centro Europeo de Astronautas y en la instalación de investigación médica :envihab.

El Centro Aeroespacial Alemán explicó que la readaptación involucra la circulación, el equilibrio, los músculos, la coordinación y la distribución de líquidos. Recuperar la vida cotidiana bajo gravedad terrestre requiere un programa específico, además de los controles y experimentos previstos. No todo cambio observado después de una estadía prolongada en órbita constituye por sí mismo un problema médico.

En ese proceso, las mediciones se evalúan junto con lo que la astronauta cuenta sobre su estado y con las observaciones del equipo que la acompaña. El centro alemán señaló que los valores de los estudios, considerados de manera aislada, no ofrecen una imagen clínica completa. La continuidad del seguimiento permite interpretar mejor esas respuestas.

Para futuras misiones, conocer cómo evoluciona la adaptación puede ayudar a planificar controles y medidas de protección. Por ahora, la tarea es reunir y comparar información. La diferencia entre describir un cambio transitorio y reconocer un riesgo duradero dependerá del análisis de los datos y de su seguimiento en el tiempo.