La NASA informó este 15 de octubre que el análisis de ingeniería posterior a Artemis II confirmó el desempeño previsto del escudo térmico de Orion durante el regreso de sus cuatro tripulantes desde la Luna. La evaluación encontró nueve sectores con pérdida de material carbonizado en la superficie del escudo, frente a los 103 identificados después de Artemis I. El resultado respalda el cambio de trayectoria de reingreso que la agencia aplicó para esta misión.
La conclusión corresponde al estudio de los datos y del vehículo recuperado, no a un nuevo vuelo. Artemis II amerizó el 10 de abril de 2026 en el océano Pacífico. Fue la primera misión en la que Orion transportó astronautas, después de la prueba sin tripulación de Artemis I, y permitió evaluar sus sistemas con personas a bordo durante un viaje alrededor de la Luna.
El reingreso es una de las etapas de mayor exigencia térmica. Según la agencia estadounidense, Orion alcanzó una velocidad máxima equivalente a 39 veces la del sonido y soportó temperaturas exteriores superiores a 4.000 grados Fahrenheit, unos 2.200 grados Celsius. La cabina se mantuvo alrededor de los 24 grados Celsius. Son mediciones de ambientes distintos: el calentamiento extremo corresponde a la parte exterior de la nave, mientras que el segundo dato describe el espacio de la tripulación.
Para preparar Artemis II, los equipos habían investigado la pérdida de material observada en el escudo de Artemis I. Además de ensayos de materiales en instalaciones del Centro Ames, modificaron la distancia máxima que Orion podía recorrer entre su entrada en la atmósfera y el amerizaje. El objetivo era reducir el tiempo dentro del intervalo de temperaturas asociado al comportamiento detectado en el vuelo anterior.
La revisión posterior determinó que esa modificación redujo aproximadamente diez veces el agrietamiento y la pérdida de material carbonizado respecto de Artemis I. La NASA también informó que la cápsula ingresó a la atmósfera a unos 59 metros del punto previsto y amerizó a unos 950 metros de la ubicación calculada, frente a San Diego. La precisión del recorrido forma parte de los datos con los que los ingenieros compararon el vuelo real y sus modelos.
El escudo está formado por 186 bloques diferentes de Avcoat, un material ablativo que se consume para proteger la estructura durante el calentamiento. Tras las primeras fotografías tomadas por buzos y las inspecciones en el buque de recuperación, los especialistas continuaron el examen en el Centro Kennedy. Luego trasladaron el componente al Centro Marshall, en Alabama, donde en agosto comenzaron la extracción de muestras y las radiografías internas.
La revisión incluyó, además, las 1.300 baldosas cerámicas que protegen los laterales inclinados de la cápsula. De acuerdo con la agencia, su comportamiento coincidió con lo esperado y las inspecciones no mostraron señales de sobrecalentamiento en las zonas protegidas alrededor de ventanas, respiraderos, propulsores y escotilla lateral. Estos resultados se atribuyen a la evaluación técnica de la NASA y no equivalen a una garantía absoluta para vuelos futuros.
El trabajo sigue abierto: los equipos comparan escaneos láser anteriores y posteriores al vuelo para medir cuánto material se perdió y contrastarlo con las predicciones. Las muestras también alimentarán los próximos análisis y procesos de fabricación. Para Artemis III, la agencia ya incorporó cambios destinados a lograr mayor uniformidad y permeabilidad consistente en los bloques de Avcoat; el escudo de esa cápsula fue instalado en julio.




