Argentina figura entre los 17 países que respaldaron este domingo 4 de octubre la Visión de Kioto para una nueva etapa de la investigación científica. La declaración fue presentada en Japón, en el marco de la reunión anual del foro Science and Technology in Society, y propone ampliar el uso de inteligencia artificial, revisar las formas de financiar la ciencia y fortalecer la formación de investigadores y personal técnico.
La inclusión argentina surge de la lista publicada por la Casa Blanca. También aparecen Chile, Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Singapur, Indonesia, Bulgaria, Chipre, Grecia, Kazajistán, Polonia y Emiratos Árabes Unidos. El comunicado atribuye la conducción de la iniciativa a Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica estadounidense. No identifica al representante argentino que intervino ni anuncia un programa presupuestario particular para el país.
El texto conjunto plantea una combinación de instrumentos para financiar investigaciones: apoyos de larga duración, subvenciones de resolución rápida y premios o desafíos. También promueve experimentar con instituciones que ofrezcan distintos niveles de autonomía, recursos y orientación. Incorpora la metaciencia, el campo que estudia con métodos empíricos cómo se produce, organiza y financia la propia actividad científica, para evaluar qué prácticas permiten mejorarla.
La declaración utiliza la expresión inglesa “Super Intelligence”, pero no desarrolla una definición técnica. Propone integrar esas herramientas al análisis de grandes conjuntos de conocimiento, a la elaboración de modelos y a procesos de experimentación autónoma. A la vez, vincula la confianza pública con investigaciones transparentes y reproducibles, revisión por pares imparcial y comunicación de errores e incertidumbres. Reconoce además el valor de los resultados negativos o nulos, que permiten conocer qué hipótesis no se sostienen.
Otro eje es el talento. El comunicado estadounidense describe la intención de apoyar tempranamente a investigadores, ampliar el acceso a infraestructura informática, datos e instalaciones experimentales y fomentar formación práctica. La propuesta contempla tanto a quienes desarrollan ideas como a quienes pueden operar y mantener instrumental complejo. Doctorados compartidos, becas e investigaciones entre instituciones aparecen como vías para adquirir experiencia en diferentes entornos de trabajo.
El encuentro que enmarca el anuncio es la edición número 23 del foro STS, que se desarrolla del 4 al 6 de octubre en el Centro Internacional de Conferencias de Kioto. La organización confirmó que la apertura estaba prevista para las 10 de la mañana del domingo, hora japonesa. Se trata de una plataforma que reúne a referentes de universidades, organismos públicos y empresas para discutir las consecuencias sociales de la ciencia y la tecnología desde una perspectiva de largo plazo.
La programación anunciada comprende 36 sesiones, entre plenarios y debates simultáneos. Incluye soberanía digital, confianza en la ciencia, diplomacia científica y el papel de las universidades ante la inteligencia artificial. Otros espacios están dedicados a energía sostenible, fronteras biomédicas, educación y cooperación tecnológica. Esos temas muestran que la discusión va más allá de incorporar nuevas herramientas a un laboratorio: también aborda cómo se gobiernan y evalúan sus aplicaciones.
Por ahora, lo publicado es una orientación compartida. El documento de una página no fija montos de inversión, plazos de ejecución ni mecanismos nacionales específicos. Para Argentina, el respaldo informado establece una posición dentro de esa conversación internacional; la eventual traducción a medidas concretas dependerá de decisiones posteriores que todavía no están detalladas en el anuncio.




