Un equipo de investigadores del Reino Unido y Marruecos describió una nueva especie de pariente de los cocodrilos que habitó ambientes de agua dulce durante el Jurásico medio. Bautizado Ctenosuchus tenuidens, el animal se distingue por una dentadura extraordinariamente fina y apretada, que abre una hipótesis sobre su alimentación: habría capturado presas acuáticas pequeñas y blandas. La Universidad de Portsmouth difundió el hallazgo este 12 de octubre, después de la publicación del trabajo científico el día 8.

La descripción se realizó a partir de dos ejemplares incompletos procedentes del área de Talsint-Anoual, en la provincia de Figuig, al este de Marruecos. Los restos aparecieron en depósitos de barro rojizo asociados con antiguos ríos y lagos. El estudio fue publicado en Journal of Vertebrate Paleontology y reúne a especialistas de Portsmouth y de la Universidad Hassan II de Casablanca. El material permitió reconocer tanto un género como una especie nuevos dentro de los teleosáuridos, un grupo de crocodilomorfos extinguidos.

La particularidad más visible está en los dientes: su altura supera unas diez veces su ancho y la separación entre ellos ronda los 2,3 milímetros. Los autores estiman que había más de 35 por cada lado de la mandíbula superior. Para dimensionar esa concentración, compararon el resultado con el gavial de la India, un cocodrilo actual de hocico largo que come peces: en su caso, los dientes superiores están separados por alrededor de 15 milímetros. La comparación ayuda a mostrar cuán singular era la boca del animal marroquí.

Esa anatomía no resultó evidente desde el comienzo. Según explicó Hamzah Imran, autor principal de la investigación, al observar inicialmente uno de los fósiles distinguieron pequeños círculos oscuros junto a un hueso central. La preparación cuidadosa del ejemplar bajo el microscopio permitió reconocer que correspondían a dientes alargados. El examen de su estructura, mediante microscopía y secciones del material, también identificó crestas verticales en las coronas. Esos detalles aportaron información que una observación general del fósil no podía revelar.

La forma de la dentadura orienta la interpretación sobre la dieta. Los investigadores proponen que Ctenosuchus pudo alimentarse de peces diminutos, pequeños crustáceos y otros organismos de cuerpo blando. Dientes tan delgados habrían sido vulnerables al movimiento de presas grandes y vigorosas. Por eso, el estudio no lo presenta simplemente como una versión antigua de un cocodrilo que atrapa grandes peces: plantea una especialización diferente, inferida a partir de la anatomía conservada.

También se consideró la posibilidad de que obtuviera alimento mediante algún mecanismo de filtración del agua. Esa idea permanece como una hipótesis tentativa, no como una conducta demostrada. Los restos permiten estudiar huesos y dientes, pero no observar cómo cazaba. La distinción es importante para interpretar el alcance del hallazgo: la nueva especie y su dentición están documentadas; la manera exacta en que utilizaba esa boca todavía admite discusión.

El trabajo reconoce semejanzas con dientes de otros vertebrados extinguidos, entre ellos mesosaurios y pterosaurios como Gnathosaurus y Ctenochasma. La comparación apunta a la convergencia evolutiva, es decir, a estructuras similares desarrolladas en grupos distintos. No implica que estos animales pertenecieran al mismo linaje ni que necesariamente se alimentaran de una manera idéntica. En este caso, permite formular preguntas sobre qué ventajas podían ofrecer dentaduras tan estrechas en ambientes acuáticos.

La investigación suma además información sobre los crocodilomorfos de Gondwana, el antiguo conjunto de tierras del hemisferio sur. Los talatosuquios están mejor documentados en sectores de Europa y muchos se asociaron con ambientes marinos. El nuevo ejemplar amplía el registro de formas vinculadas con agua dulce en Marruecos. Su aporte central es mostrar una diversidad de soluciones alimentarias mayor que la que sugiere la imagen habitual de estos reptiles: una pequeña diferencia en la boca puede revelar un papel ecológico muy distinto.