Un ensayo realizado en Pocito encontró que un riego moderadamente reducido y sostenido permitió ahorrar cerca del 30% del agua aplicada y mejorar la producción acumulada de aceitunas y aceite. El Instituto de Automática (INAUT, CONICET-UNSJ) difundió este martes 6 de octubre los resultados del trabajo conjunto con el INTA San Juan y la Universidad Nacional de Córdoba. El artículo científico había sido publicado el 11 de junio en Frontiers in Plant Science.

La experiencia se desarrolló en la Estación Experimental del INTA San Juan con olivos jóvenes de la variedad Arbosana, implantados a una densidad de 1.429 plantas por hectárea. El seguimiento abarcó las campañas 2021-2022, 2022-2023 y 2023-2024, correspondientes a las primeras tres temporadas productivas del monte. Se utilizó riego por goteo y se compararon distintos tratamientos con un grupo de referencia abastecido al 100% de la necesidad hídrica calculada.

El ahorro informado corresponde al agua de riego suministrada durante el ensayo. La estrategia que mostró el mejor balance consistió en aportar de manera continua el 70% de la evapotranspiración estimada del cultivo. También se evaluaron esquemas de reducción del riego en determinados períodos del año, con diferentes intensidades y atención a las etapas críticas. La diferencia entre ambos enfoques resulta central: sostener una restricción moderada durante el ciclo tuvo un comportamiento distinto de concentrar recortes más profundos en ciertas fases.

Según el INAUT, el tratamiento continuo combinó el ahorro de agua con los mayores rendimientos acumulados de fruto y aceite. En cambio, los esquemas regulados acentuaron las diferencias entre años de alta y baja producción, un fenómeno conocido como alternancia o añerismo. La reducción más intensa consiguió ahorrar más agua, pero esa ventaja estuvo acompañada por pérdidas productivas que limitaron su conveniencia.

El resultado corresponde a esas condiciones experimentales y a árboles jóvenes. Los autores señalan que hace falta extender la evaluación para conocer el desempeño a largo plazo. También advierten que los coeficientes empleados para estimar la demanda de agua podrían necesitar una mejor calibración en ambientes extremadamente áridos: incluso el grupo regado según el cálculo completo mostró señales que justifican revisar ese punto metodológico.

La investigación se conecta con una línea de trabajo que el INTA sanjuanino ya había presentado en mayo de 2023. En aquella comunicación, Mariela Torres y Pierluigi Pierantozzi explicaron que buscaban combinar eficiencia hídrica y energética con rendimiento y calidad. El programa incluía ensayos en modelos superintensivos e intensivos, con mediciones periódicas del crecimiento, del estado de las plantas y de la producción al terminar cada temporada.

Esas evaluaciones no se limitaban a contar frutos. El equipo registraba el volumen de las copas, el crecimiento de las ramas, el diámetro del tronco y el potencial hídrico del tallo. El seguimiento permite observar cómo responde el árbol al manejo aplicado. En la presentación de 2023, los especialistas calificaban los primeros resultados como información de base para que productores y técnicos pudieran planificar un uso más eficiente del recurso.

Otro eje de ese programa era la adaptación de variedades introducidas, muchas de origen europeo, a condiciones ambientales diferentes de las mediterráneas. La floración, el cuajado y la alternancia entre cosechas formaban parte de las preguntas que orientaban el trabajo local. El estudio difundido ahora aporta evidencia sobre una combinación específica de variedad, edad del monte y estrategia de riego; su validación durante más años sigue siendo el próximo desafío científico.