Un dron sembró piñones de araucaria sobre 40 hectáreas de Ñorquinco, en el Parque Nacional Lanín, como parte de un ensayo para recuperar el bosque nativo. La prueba se desarrolló entre el 15 y el 19 de octubre y fue informada este martes por la Administración de Parques Nacionales. Sus resultados servirán para ajustar una intervención de restauración prevista para 2027.

La superficie trabajada corresponde a una prueba de campo, no a un bosque que ya se haya recuperado. El proyecto contempla alcanzar 200 hectáreas mediante esta tecnología, pero todavía debe evaluar cómo responden las semillas y qué ajustes necesitan la siembra, la logística y el seguimiento. La diferencia entre distribuir piñones y lograr árboles establecidos es central para interpretar el alcance del anuncio.

El operativo comenzó con la instalación de un campamento en la montaña. Los equipos trasladaron materiales e insumos con drones, mientras que guardaparques y pobladores mapuches llevaron a caballo 300 kilos de semillas. La colaboración de los Protectores del Pewen permitió resolver parte del acceso a una zona donde el trabajo no depende únicamente de la capacidad de vuelo del equipo.

La siembra de las 40 hectáreas demandó un día y medio de operación con un dron. Antes, el terreno había sido mapeado en detalle para organizar la dispersión. En paralelo, los investigadores midieron la cantidad de semillas que cayó en parcelas permanentes. Esas mediciones constituyen una referencia inicial para estimar más adelante cuántas plantas se establecen por hectárea.

El ensayo también incluyó un tratamiento biotecnológico orientado a reducir el consumo de semillas por parte de la fauna. La comunicación oficial no presentó todavía porcentajes de germinación ni de supervivencia. Son resultados que requieren seguimiento y que permitirán distinguir el rendimiento de la operación aérea de su efectividad como herramienta de restauración.

Cómo se organiza la intervención

El Parque Nacional Lanín y la empresa ReForest Latam desarrollan el trabajo junto con investigadores y organizaciones del territorio. La metodología combina cuatro pasos: caracterizar cada ambiente, recolectar semillas nativas de genética local y encapsularlas con bioestimulantes, distribuirlas en lugares adecuados para germinar y controlar en campo la evolución de las plantas.

Un comité científico encabezado por Thomas Kitzberger, del CONICET y el INIBIOMA, define qué sectores intervenir y cómo hacerlo. También participan investigadores del IANIGLA y otros especialistas del CONICET, además de técnicos del área protegida y de la empresa. El diseño busca integrar la información ecológica con las posibilidades concretas del equipo de siembra.

La iniciativa involucra al Consejo Zonal Pewenche, la Comunidad Mapuche Ñorquinco y los Protectores del Pewen de Ñorquinco y Aigo. Cuenta además con el acompañamiento de Amigos de la Patagonia, la Corporación Interestadual Pulmarí y el área de Producción de Neuquén. Parques Nacionales la presenta como una recuperación biocultural: incluye tanto los procesos del bosque como la relación de las comunidades con el pewen.

Un proceso iniciado antes de los drones

En 2013, un incendio afectó unas 1.500 hectáreas de bosque nativo de Ñorquinco. El diagnóstico y la propuesta de restauración se elaboraron al año siguiente. Desde 2021, el proyecto incorporó alambrados perimetrales y la plantación de 50.000 ejemplares de pewen y coihue, según el balance de la APN.

El organismo explica que la araucaria crece lentamente y que sus piñones se dispersan a corta distancia. Cuando desaparecen los árboles que producen semillas, la recuperación natural enfrenta por eso una dificultad adicional. La nueva prueba apunta a mejorar la llegada de semillas a esos sectores, sin reemplazar el control posterior. Los datos obtenidos en Ñorquinco permitirán corregir el método antes de ampliar la intervención y evaluar su posible aplicación en otras áreas de la Patagonia.